Thursday, December 1, 2016

Argumentos contra una fe venida de enésima mano

Parte Dos. (20/11/2016)
Las novelas épicas, tal como algunos de esos otros registros que los cronistas antiguos dejaron para la posteridad, de alguna manera están cargadas de exageraciones, explicaciones interpoladas, tendencias socio-políticas con imperfecciones ideológicas, indeseables errores de interpretación que se filtraron por traducciones ingenuas, o presencia de cierto idealismo cultual y romántico, que las hace inexactas a la exactitud originaria que las debiera favorecer reproductivamente para establecer la verdad histórica que hablan pero (de ser así) desfavoreciendo la retórica literaria. En un sentido, la biblia exhibe mucho de verdad social, cronológica e histórica de esos pueblos y, por otro lado –al hacerlo- se hace retórica, demasiado literaria, cuando muchos compiladores y editores (de aquellos escritores) corrigieron y alargaron la obra, en lugar de ser más objetivos en señalar el mal –que se debía corregir- sin dar tantos anuncios (o preámbulos cíclicos y poéticos) para desatar el castigo que sobrevendría, mientras “Dios” sólo optó, unilateralmente, por aislarse y comunicarse sólo a través de unos pocos hombres (“inspirados” o “escogidos”). ¿Cómo es que, quien creó todo lo que vemos (y no vemos) sea tan selectivo y exclusivo en Sus remilgos, reclamos y juicios?

Las historias de Alejandro Magno, de seguro también, tienen esa parcialidad que comento. Las cartas de Simón Bolívar, al no ser escritas todas por él (sino por secretarios o imitadores) nos dan una visión borrosa (distorsionada) del verdadero autor, una idealización de cosas semánticas y, a la vez, una mentira aceptable o creíble de sus personas. ¿Qué tal si Jesucristo nos hubiera dejado Su evangelio, de Su puño y letra? Cuando menos, podemos inferir que Jesucristo escribía (Juan 8:8) pero, de acuerdo a la Evidencia Interna, las autoridades de Su tiempo no acreditaron Él fuera discípulo eximio en las escuelas de nadie (Mat. 13:54; Mar. 6:2). Por otro lado, no todos los escritos más antiguos tienen el relato de la mujer capturada en adulterio (Juan 8) y, esta aclaración, no se indica en todas las biblias que podamos adquirir en español y, sólo las editoriales más honestas, han hecho tal aclaratoria, así sea en una nota marginal (a pie de página). ¿No les duele -a Uds.- que la verdad sea encubierta o disimulada? ¡Obvio! Esto confirma, por el lado que me produce argumentos (robándome plena confianza) que la biblia es un trabajo colectivo, sucesivo, que tuvo pérdidas (literarias) materiales y, posiblemente, añadiduras posteriores que la alargaron, haciéndola una pieza religiosa ¡Pero literaria! De allí que Lucas tuviera que hacer sus investigaciones sobre el evangelio de Cristo, dejando la obra que lleva su nombre (no siendo testigo ni apóstol de Jesucristo).

Mientras escribo, lúdicamente desearía suceda alguna de estas cosas: 1) Que apareciese una versión del Nuevo Testamento del 1er siglo o, en el mejor de los casos, 2) Que el Señor Jesús (o Dios) se mostrasen o revelasen a cada individuo que desee saciarse de la verdad Escritural de Sus palabras, para suplir en ese vacío que la malicia o el error humano crea, sin un veredicto de quien haya dado, por defecto, autoridad delegada.

No es un secreto bien guardado que, los políticos con cierta relevancia, tienen un equipo humano a quienes delegan autoridad para que les hagan sus discursos. Moisés usaba a Aarón, su hermano, para dirigirse al Faraón y a Israel. Saulo Pablo, por su parte, en algunas de sus epístolas (13) deja ver quien haya escrito ciertas de sus cartas y, ese tipo de evidencia interna favorece a la verdad necesaria. ¿Cuántos “Tercios” (Rom. 16:22) habrán redactado documentos o cartas, y nunca supimos algo de sus nombres?

Cuando menos, desde hace siglos, se hizo un buen intento para eliminar los escritos apócrifos pero, en ausencia de originales o de citas repetidas o verificables de autores afines o antagónicos, el estudio de la originalidad de lo que leemos se dificulta para establecer toda la verdad, no tanto de lo que se mire como señal milagrosa, sino todas esas cosas que hoy no estén registradas para nuestra edificación (Jn. 21:25) y lo que debió haber estado libre de la tradición religiosa forjada a lo largo de 20 siglos. Mi duda no está en la historicidad de Jesús, sino en lo que fue Su verdadera enseñanza; para sacar las añadiduras, malinterpretaciones, y la tradición religiosa de cientos de hombres.

En lo que a mí respecta, el Antiguo Testamento (A.T.) tiene indeseables trazas de tradición religiosa y, tratar de quitarla, es como arar en el mar pero, el Nuevo Testamento (N.T.) tiene menos de ese mal y, si ese trabajo se hubiera compilado en una sola obra “cronológica” –como lo intentó Tatiano con su Diatessaron- habríamos conocido un mejor retrato autobiográfico de quien (supuestamente) vino a hablarnos de Dios, siendo Hijo de Dios. ¿Cómo es que no se manifiesta antes de Su venida ejecutoria? ¡Dios nos bendiga con la salud de Sus palabras antes de ese destructivo término!

Pienso que, con toda la tecnología que hoy conocemos, la que hemos oído y la que se ha de inventar, hay suficientes recursos como para que Dios se haga accesible, abordable y manifieste. Si Él, soberana y majestuosamente, decide no usar esos recursos técnicos o vías de comunicación masiva del Mass Media y resuelve emplear los métodos que antes usó -sueños o revelación personal privada- como lo ha hecho desde siempre, pienso que nos deja en una desventaja operativa, la que algunos han llamado fe y, otros, ingenuidad descerebrada; pues, si mucho dentro de la religión ha sido fraguado para manipular masas, controlar mentes bajo el temor de amenazas o inciertas promesas de fe ¿Es más difícil el milagro de tener una relación dialéctica abierta con toda la humanidad que lo necesita y Le extraña?

El protestantismo, por ejemplo, surgió de las ideas de Lutero que criticaba la venta de Indulgencias por parte de los papas de Roma y, con seguridad, ese dinero sirvió a mucho más que para construir la Iglesia de San Pedro, en el Vaticano. ¿No era mercadear con la fe, lo mismo que han hecho los pastores evangélicos (mediáticos) de estos tiempos? Si aquella Reforma produjo resultados fatales, víctimas inocentes, negarse a mantener una relación abierta con quienes le invocan o reclaman, me parece justo, aunque soy un pecador injusto. ¿Te animas, Dios, a leerme?

Si Adán y Eva, por el simple pecado de la desobediencia directa, perdieron toda comunión con Dios, no preciso saber qué centenar de cosas hemos perdido nosotros; no sólo por desobedecerle (directa e indirectamente) sino por desafiarle, detestarle, injuriarle, maldecirle o reclamarle…

Hay una promesa para Israel y, de mi parte, deseo ella sea extensiva a toda la humanidad:
Éste es el pacto que después de aquel tiempo haré con el pueblo de Israel —afirma el SEÑOR—: “Pondré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.” (Jer_31:33)
Haré con ellos un pacto eterno: “Nunca dejaré de estar con ellos para mostrarles mi favor; pondré mi temor en sus corazones, y así no se apartarán de mí.” (Jer. 32:40)

¿Quién no anhela vivir en un reino de paz y justicia imperecedera?

Me gusta que, cuando menos, uno de los escritores del N.T. haya dicho que su conocimiento es parcial: “en parte conocemos”. La iglesia Católica y otros credos insisten en decir que la biblia es completa pero, para Saulo Pablo, hay parcialidad: “Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos…” (1Cort. 13:9). Para mí es obvio que “lo perfecto”, sólo se refiere a la presencia o manifestación de Dios, no a la compilación e impresión de lo que insistimos en llamar “palabra de Dios”, porque, en ella, hay lagunas y vacíos pero, al mismo tiempo, se halla solaz psicológico en la experiencia –de enésima mano- que esos autores han producido (reproducido) aunque obras como las del libro de Job no me sean sino parte de esa literatura religiosa que alguien, con buenas intenciones, lucubró: ¿Dispondrá Dios de la vida de los hombres -a capricho- sólo para presumir antes Satanás, Su enemigo? ¡Lo dudo! Sin embargo, Job presenta la muerte de los hijos de Job, otras pérdidas, como parte de lo que Dios “permite” para “hablar luego con Job”… ¿Qué tal ese diálogo se restableciera con toda la humanidad, y no fuera sólo un subterfugio literario de la imaginería religiosa de tiempos remotos? Espiritualmente, soy acéfalo sin la guía del Espíritu Santo de Dios. No le conozco personalmente y, vender un producto –sin haberlo probado- no está en mí, porque no es sólo mi culpa no comprender una verdad que puede salvarme cuando obtenga Su revelación y manifestación personal. ¿Por qué somos, de algún modo, corresponsables para ver un milagro? (Mat. 8:13; Mar. 9:22-23) Pero, por el otro lado, ¿dónde está la corresponsabilidad -de Dios- para manifestarse en la vida de quienes Le necesitamos y reclamamos una vía de acceso más simple, que aquella de creer ciegamente a un libro que ha podido ser manipulado con otras intenciones, distintas a la fe que Dios y Su hijo demandan o insuflan? ¡Ayuda a mi incredulidad, Señor Jesucristo! (Mar. 9:24)

Soy de los que opinan que, el amor ni la amistad han de rogarse pero, en relación a Dios, sí tengo razones para ignorar mis argumentos. Al escribir, de algún modo, pienso que puedo ser leído, oído, entendido y, de no ser así -cuando menos- hice mi parte dialéctica, pues, no se crea que n duermo haciendo alguna que otra oración cuando en la oscuridad en la que vivo (indeseablemente) tengo que irme a dormir sin el privilegio que millares de personas tienen al poseer electricidad 24 horas al día… ¡Sí! Le estoy rogando a Dios tener autonomía eléctrica, económica y, antes de morir, quisiera que Él me confirmara una cita personal con la santidad de Su Espíritu: “Dios es Espíritu” (Jn. 4:24) y ya no creo en “la doctrina” de la trinidad, sino sólo en Dios y Su Hijo Jesucristo, puesto que Jesús no la enseña (Jn. 17:3) sino todo el que fue formado para ser católico.

Contrariamente a lo que la iglesia católica haya dicho, la biblia da un conocimiento parcial y subjetivo (de enésima mano) de cuanto sus autores hayan escrito. Ya he suscrito mi opinión de Job y, aunque tal diálogo no se haya restablecido con un centenar o millar de personas que lo deseemos, sigo insistiendo no sólo en esa posibilidad técnica, sino en esa necesidad universal de poder hablar –interactivamente- con el Creador y, en su defecto, con Su Hijo Jesucristo (o un angelito, pues). Desde luego, insisto, no sería para pedirle, sino para conocer –de primera mano- la verdad que pudo ser alterada. ¿De veras Dios mandó escribir todo Levíticos? ¿Hizo acepción Dios al prohibir que los sacerdotes con defectos físicos le sirvieran? (Deut. 23:1; Lev. 21:20) ¿Hizo diferencia entre el enano, ciego, el bastardo o jorobado? (Lev 21:20) ¡No lo sé! Pero he leído que Dios no hace acepciones (Deut. 10:17; Job 34:19) y, cuando las hace, razón ha de tener -como hizo con Jacob y Esaú- (Malaquías 1:2-3).

Esas pequeñas contradicciones, como la de hacer diferencias entre quienes tengan un indeseable defecto físico que no quieren o darle admiración al que tiene más estatura o fuerza, me recuerda aquella frase –muy propia- que algunos hombres pasamos de largo al clasificar (segregar) a las gentes: “No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.” (1Sam. 16:7). ¿Quién pues, en la biblia ha escrito -varias cosas- que contradicen lo que supuestamente haya dicho Dios en otra oportunidad? ¡Dímelo Dios, Señor Altísimo! No creo que Tú seas incoherente, como lo somos los humanos. De manera que, esa discrepancia que leo sobre bastardos, enanos, ciegos e “inmundos” pudo haber tenido otro origen (fuera de Dios) sino en los prejuicios de la religión que inventan los hombres o las mujeres. Si soy bastardo ¿es mi culpa que mis padres tuvieran sexo ilícito fuera del matrimonio? Si soy enano o magullado de testículos ¿es mi culpa haber nacido con defectos físicos? ¡Bendito Dios! ¿Cuán diferente sería este planeta si Dios lo sanase de un todo, con Su poder (y requerida verdad)? Yo quiero que Dios no mire la incertidumbre de mis palabras, sino la certeza de lo que aquí afirmo, porque “Jehová mira el corazón”... ¡Amén! Así sea, desde ya y para siempre: El justo por su fe vivirá. (Hab. 2:4; Rom. 1:17; Gál. 3:11)

¿Cómo, pues, me explico ese tipo de discrepancia “escritural” donde se afirma que Dios no hace acepciones y, usando un poquito de cerebro, noto que la religión escrita del hombre, separa al hombre por el hombre? Al punto de excomulgarlo de los beneficios de vivir en sociedad, no sólo alejado de la ausencia de ese Dios que parece distante, mudo y ausente, dentro de las estructuras jerárquicas que hemos inventado (para beneficiar a unos en detrimento de otros). Puedo entender que nos segreguemos del pecado y de algunos pecadores (como de la homosexualidad) pero, segregarnos –incluso- en la división fanática de lo que unos llaman “sectas” y otros “iglesia”… ¿Quién soy yo para vislumbrar entre lo que Dios acepta o lo que Dios rechaza? ¡A tientas le busco! Y con torpe diligencia, medio entiendo lo que la biblia complicadamente trata.

Tengo un amigo –George L.- cuyo fanatismo religioso lo ciega y, con toda visceralidad, me recrimina no ser parte de la iglesia católica visible, la cual él insiste en ser “el recipiente y la iglesia” que Jesucristo ha creado. ¿Cómo le explico –a él- que la primera iglesia fue enteramente judía? (no lee de los judaizadores, sino que brinca hacia Pablo, idolatrando a Pedro).

Si le citase esto, sus oídos no oirían: “Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel.” (Mat 10:5-6) Si usase la biblia católica (la única versión que estima correcta) sería como hablar a una montaña que no muevo. Sin embargo, Jesús mismo dijo: “No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.” (Mat 15:24) ¡Ajá, George! Nos fregamos ¡Judíos no somos! (racialmente) Pero aquella mujer tuvo fe -necesidad- y siendo probada para testificar de su fe, se reconoció tan insignificante como un perro (Mat 15:27) y, en este punto, yo critico la hipocresía de la traducción (pro católica) de la Reina-Valera, quienes escribieron “perrillos”, cuando la cultura judía o el texto griego dicen, literalmente, “perros”... ¡Dios! Un perro y un cerdo he sido (o soy) pero te necesito tanto como cualquier “santo”.

Los “Testigos de Jehová” (Testigos de la Watchtower) por su parte, presumen de tener “el conocimiento exacto” del nombre de Dios y otras cosas (rayando en el gnosticismo). La mentira que no se dice a vox populi allí es que, en el alfabeto hebreo-arameo de aquellos siglos no se usaba la letra “J” ni su nombre se escribía con las necesarias vocales… De modo que es un cuento decir “Jehová” o “Jesús” porque, para ese tiempo ni en el griego la “J” se había inventado (Juan 19:20) como podemos verlo leyendo el griego en Juan 19:19: “᾿Ιησοῦς ὁ Ναζωραῖος ὁ βασιλεὺς τῶν ᾿Ιουδαίων.” (allí, ni Jesús lleva “J” ni Judíos) y, debido al uso del latín que introdujeron los romanos con su imperio, la “yod” (la “i”, semivocal o semiconsonante hebrea) fue sustituida por la “J”, pero en el hebreo escrito, no era la misma cosa. ¡Además! Los judíos no habían inventado el uso de las vocales escritas para ese entonces… ¿Conocimiento exacto, no? ¡Bueno! Cada loco con su tema y ¿Ciertamente verá Dios las desventajas y dificultades que tengo para creerlo todo, ciegamente? Cuando menos me reconforta quererlo entender con mi mente: “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas.” (Mar 12:30)

La comunicación divina

Quienquiera haya leído un poquito sobre la teoría de la comunicación entiende que, para que sea tal, bidireccional, el intercambio bilateral de contenidos es lo que hace que tal “relación” o transacción informacional sea comunicacional –de lo contrario- es sólo transmisión de información en una dirección (emisor-receptor) y, en ese sentido, la biblia es sólo información escrita, reproducción de experiencias ajenas (de enésima mano).
Paradójicamente, hace muchos siglos, los levitas tenían el beneficio del Tumim y Urim (Éxo 28:30). ¿Habrá manera de consultar a Dios por ese medio que empleó Saúl –a la suerte- en lo que respectan tantas cosas que no sabemos? ¡Se han perdido! No las conocimos, sean lo que hayan sido el Urim y Tumim. ¿Qué herramientas comunicacionales de consulta nos quedan? La biblia no es interactiva, la oración –también- fluye en una sola dirección, de abajo hacia arriba (a menos que Él nos dé una respuesta que resuelva la contingencia o necesidad).

La Crítica Estilística hace la siguiente declaración en Encarta: “…suele darse por supuesto que el sentido de los Evangelios es lo que sus redactores hicieron que significase, en lugar de mantener el significado de la tradición [o texto] original sobre la que se basaban.” ¡Pardiez! No soy el único buscando la verdad… Eso del “justo por su fe vivirá.” (Habacuc 2:4) ¿Es una promesa de Dios, o un invento de los redactores?
Es obvio que Pablo (Saulo) la sacó de contexto, como –también- yo lo hice pero, no tengo nada tangible que me permita vivir por otra cosa (o causa) y, ¿no ha sido así como se ha descontextualizado más de algún texto bíblico, haciendo un asunto “nuevo” o “doctrina”? Saque usted sus conclusiones. En mi opinión, Pablo hizo lo suyo tomando de Habacuc (Rom 1:17; Gál 3:11).

La Cábala, la Brujería o el Espiritismo –por ese defecto o imperfección comunicacional- resultaron de una necesidad, cuyo origen está en Su búsqueda, a falta de una respuesta específica: Comunicarse con Dios. ¿No buscó Saúl a una espiritista, cuando Dios le rechazó? “…Dios se ha apartado de mí, y no me responde más…” (1Sam. 28:11-15) pero antes consultaba a Dios por medio de Samuel (1Sam. 9:8-9) Sin embargo, YHWH sigue allí, de algún modo, expectante (2Reyes 1:3). ¡No te apartes de mí, Dios! Responde a la inquietud de mis preguntas.



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