Thursday, January 26, 2017

Idolatría Cristiana



Es extraño, particular en gran medida, que el evangelio de Jesucristo no se haya manifestado atacando ese punto, aunque -los otros profetas- parecen haber llevado ese tema hasta el agotamiento temático, quizá hasta lo sumo de la exhaustivo, en lo que intelectualmente haya sido posible, pues la idolatría, como tema, se llevó hasta el terreno sexual, comparándola con esa clase de infidelidad que duele al hombre, aunque -quizá- ofenda a la mujer (La biblia, como literatura religiosa, tiene una gran tendencia a la masculinidad) (en contra del “futuro” feminismo). Dos ejemplos breves:

  • Te desposarás con mujer, y otro varón dormirá con ella...” (Deut 28:30) [Deslealtad compartida]

  • Porque desde muy atrás rompiste tu yugo y tus ataduras, y dijiste: No serviré. Con todo eso, sobre todo collado alto y debajo de todo árbol frondoso te echabas como ramera.” (Jer_2:20)

Acá (en el segundo ejemplo) la alegoría, alude la deslealtad de una mujer, pero no ataca al hombre infiel, al promiscuo de género masculino. De manera que, aunque no se desee, hay parcialidad de género en la Biblia. Sé que lo entiendes ¿Pero se acepta eso o no? ¡No me toca decidirlo! (aunque es un hecho verificable y muy extenso).
No pretendo ser exhaustivo abordando este tema de la idolatría cristiana, la paciencia del lector tiende a ser breve y la idolatría es un tema largo que, cada quien, bien podría investigar por sí mismo, sea por estudios perdonales o leyendo a esos autores de fama. De mi parte, deseo ser breve y, si hasta este momento tengo algo de atención, me considero -desde ya- bendecido, pero me prometo brevedad y sólo deseo tratar de entender porqué Jesucristo, el Hijo de Dios, parece ser mudo o “transparente” ante ese tema que los antiguos profetas tantas veces trataron y, en ese momento histórico -quien debía particularizarlo- parece no haberlo hecho, en una forma abierta o prioritariamente decidida.

Jeremías, por ejemplo, parece escribir sobre el enojo divino de la siguiente forma:

¿A quién hablaré y amonestaré, para que oigan? He aquí que sus oídos son incircuncisos, y no pueden escuchar; he aquí que la palabra de Jehová les es cosa vergonzosa, no la aman. Por tanto, estoy lleno de la ira de Jehová, estoy cansado de contenerme; la derramaré sobre los niños en la calle, y sobre la reunión de los jóvenes igualmente; porque será preso tanto el marido como la mujer, tanto el viejo como el muy anciano. Y sus casas serán traspasadas a otros, sus heredades y también sus mujeres; porque extenderé mi mano sobre los moradores de la tierra, dice Jehová. Porque desde el más chico de ellos hasta el más grande, cada uno sigue la avaricia; y desde el profeta hasta el sacerdote, todos son engañadores. ” (Jer 6:10-13)

Al revisar este extracto, a simple vista, podemos ver que el desapego al mandamiento es generalizado, al punto que la mano de Dios se extenderá a toda la humanidad, porque “no aman” la palabra de Dios (asumamos que la Torá es la Palabra de Dios, esos días). En ese párrafo podemos ver -como parte del tema de la idolatría- la palabra AVARICIA. Nuestro afán desordenado de adquirir y atesorar riquezas, aunque dicho “culto” no sólo se haya extendido al materialismo simple, sino al afán de poseer más protagonismo que otras personas, más “amigos” virtuales en la red o comunidades virtuales, o hasta más allá de las cosas que podamos tener en casa, sino en esos títulos o méritos que podamos exhibir en las paredes o en los certificados de los cursos o estudios que hayamos realizado. La avaricia ha trascendido el campo material al campo interpersonal. No sólo se quedó en “objetos”, sino en la posesión de “personas” y sus cosas. De allí que, en alguna medida, cada persona desee ser “líder” comunitario, coach o manager de otros, pionero en esto y lo otro.

Para llegar a saciarnos, padeciendo el mal de la avaricia, la mentira es un medio para iniciarse en ese camino. Volverse falsos y engañadores, es un acto reflejo de esa enfermedad y, seguir a los políticos, religiosos y sus “líderes” es caer en la idolatría, en ese clase de cultismo, que no todos caemos en cuenta haber participado. ¿Has seguido a una persona por lo atractivo que sea su liderazgo religioso o social? ¿Has seguido a una persona por la conveniencia de tenerla cerca para ganarte su atención o la atención de otras y de otros? Si ha sido así, tal vez, el síndrome de la avaricia te haya afectado, aunque sea en una forma tangencial y colateral. Si has mentido o fingido -dando culto al personalismo- ajeno o al tuyo, puedes hacer el diagnóstico…

Es interesante leer, en Jeremías, que “la enfermedad” afecta -también- a sacerdotes y profetas. No sólo contamina el plano secular, sino el religioso y, cuando escucho o veo a pastores imitando el estilo del “apóstol” Guillermo Maldonado, usando sus frases o sus gestos, al instante, identifico al discípulo de otro (no es un seguidor de Jesucristo).

Obvio que Jeremías hablaba de ese tiempo y, sin embargo, lo colateral (bueno o malo) puede extenderse “desde el profeta hasta el sacerdote” ¿Todos somos falsos y engañadores? Cada uno de nosotros sabrá reconocer si ha querido ser muy popular o afamado: La fama trae dinero y poder. ¿Quién no ha querido ambas cosas? (No condono -ni justifico- mi pecado ni el de nadie)

Jeremías dice (de parte de Dios) que no hay vergüenza en nosotros:

¿Se han avergonzado de haber hecho abominación? Ciertamente no se han avergonzado, ni aun saben tener vergüenza; por tanto, caerán entre los que caigan; cuando los castigue caerán, dice Jehová. ” (Jer 6:15)
¿Puede un escritor, sin inspiración, escribir cosas del alma si Dios no está de su lado, ayudándole a escribir? Jeremías no sólo discernía el alma de su pueblo, sino -también- el nuestro, en nuestros días.

He aquí la medicina que un autor inspirado nos deja, con el puño del espíritu que le inspira:

“Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma.” (Jer 6:16)

Jesucristo, por Su parte, también habló de esa clase de engañadores. He sido muy claro al decir que Él no puntualizó el tema de la idolatría, como aquella combatida por la iconoclasia de los profetas del Antiguo Testamento, pero -ciertamente- adelantándose al preludio de hombres y mujeres que buscan culto personal a sus egos, por sus formas y maneras personales, en lugar de adorar o venerar a la persona de Dios.

Antes de abordar el tema de la avaricia o el egocentrismo que tan sabiamente trató el Señor Jesucristo, he de hablar -brevemente- de la idolatría o iconoclasia que la historia manejó en el pasado. Voy a usar imágenes para ahorrarme el trabajo de escribir mucho, a expensas de honrar el trabajo ajeno, que -también- merece reconocimiento.

El diccionario Larousse nos dice:












Tristemente, hoy día, los católicos no están conscientes de la clase de culto que dan a “la deidad”. En sus mentes, el sincretismo católico e idolátrico creció con ellos y, si yo fuera un fumador o consumidor de drogas (como la del café y su cafeína) no vería sino por satisfacer mi necesidad de tocar tales cosas, tenerlas o venerarlas, y esa es la situación para el idólatra (y esa forma de cultismo religioso).
















Con dolor, he de confesar, tengo un hermano idólatra y otros parientes idólatras. Uno no puede decirle al borracho o drogadicto: “Tienes problemas de adicción” porque -de inmediato- te atacarán con palabras y malas actitudes y, la verdad (también) es que los cristianos -igualmente- tenemos problemas de alguna forma de adicción o cultismo idolátrico. ¡Cierto! Camuflados en ciertas formas del sincretismo operativo y, como ejemplo de ello, cito un par de casos personales (que también afectan a otros y a otras personas):

¿Cuál es mi actitud respecto al dinero o al cuido de valores materiales?
¿Cuál es mi admiración hacia el sexo o hacia el cuerpo de las mujeres?
¿Qué actitud tengo hacia la comida: Vivo para comer o como para vivir?

Es curioso, y lo escribiré de forma chocante, para que sea más viva la impresión de lo que pienso y vivo: Puede que yo, A. J. Toro H., no esté dispuesto a arrodillarme ante Dios ni ante la “autoridad” de nadie -pero- en relación al sexo, me arrodillo cada vez que tengo la oportunidad de eyacular… ¿No es eso dar culto al sexo? (Hasta aquí dejo ese tema sexual) ¡Toca a cada persona ver cuánto hay de cultismo! Y más, en ese asunto particular, tan individual.

Quiero “definir” qué entiendo por culto, y qué por cultismo. Al fin, igual, me valgo de un par de fotos del diccionario Larousse, que se auto explican:





























Es posible que yo no haya empleado la palabras apropiada para indicar culturalismo y, en lugar de ella, uso cultismo, pues, aunque antropológica y etimológicamente pienso estar en lo correcto, los eruditos la han acuñado para usarla en otra forma y otro fin, significando (quizá) lo mismo que intento asentar en este documento que tiene que ver con su significación en el campo religioso (que -también- es cultura).

Intentaré explicarme, aunque ello no me justifique: Cuando usted va por la calle, en alguna parte de Latino América, usted podrá “identificar” fácilmente al cristiano Protestante del Católico nominal. Quizá las actitudes generales sean semejantes del uno frente al otro; el vestir puede que sea el mismo pero, por lo general, el protestante llevará una Biblia negra, del mismo modo como el judío (posiblemente) lo verá caminando con su Kipá o sus ropas negras. Ello forma parte del cultismo, la cultura religiosa de estos individuos que son parte de un colectivo mayor (no mayoritario).

El Amish, en Norteamérica (Pensilvania), se caracteriza por sus ropas, su coche negro tirado a caballo y esa austeridad que no todos tenemos, producto de su cultismo (o culturalismo). Como dice el diccionario: “tienen una individualidad personal típica” (reconocible, un cliché religioso estereotipado), “unas ideas, una mentalidad, un comportamiento y una estructura sicológica particular” (patrones de comportamiento comunes, “afines” y recurrentes). ¡Eso es cúltico! Objeto de su culto, a lo que dan veneración y atención (cultismo y culturalidad).

En nuestro mundo secular, damos culto al dinero, a la fama, a las posesiones materiales, y los atributos físicos y mentales. Veneramos las calificaciones académicas, tanto como a los logros y conquistas materiales. Admiro y reverencio las formas, tanto como a quien las posea (particularmente, si es una mujer). ¡Eso es cultismo! Dentro de lo que antropológicamente puede identificarse como culturalista (recibiendo admiración desmedida o culto).

Jesucristo no atacó a la idolatría iconográfica o, más bien, iconoclásica. ¡Asunto tan peculiar este! (a menos que ciertamente tengamos -en los evangelios- una mala versión de enésima mano [adulterada] del Mesías).












Si usted ha leído la Biblia, tanto como yo, ha de extrañar algo:

  1. Que Jesús Nazareno no atacó a nadie en relación a la ilegítima posesión de ídolos en sus casas judías.
  2. Que Jesús no criticó a ningún gentil romano que -obviamente- las poseyese.
  3. Que lo más cercano a toda crítica contra la idolatría estuvo referida en contra de la auto exaltación, el culto del Yo y del desmedido ego humano (en lo político, y en lo religioso).

Que el Santo Espíritu de Dios me asista en tan menuda tarea de señalar lo que Jesús dejó de decirnos al dejar esa tarea en manos de hombres que, probablemente ESCRIBIERON, y otros hombres mutilaron (y borraron de Su historia).

Desde el A.T. al N.T. veo una coherencia temática sorprendente en relación a la vanidad humana. Si alguien no quiere apreciar la vanidad como un tema literario, seguramente puede verla como un aspecto espiritual de la vida humana o, en su defecto, como un tema de actualidad psicológica pero, tanto hoy como en aquellos días, la vanidad tiene relevancia y es aquí donde quiero establecer relaciones para que, el día que esto se lea, alguien pueda llegar a entenderlas, así como esta desconfianza que me queda al no leer a Jesús tratando el tema, más abierta y públicamente, desde el punto de vista idolátrico (porque es idolatría, culto al Yo y al Ego). ¡Es la “promoción” (propaganda) casi supersticiosa del Yo!

Permítaseme observar el tema de la vanidad humana (la auto exaltación del Ego) a través de las pocas veces que leo a Jesús enseñando este tema, aunque seguramente hubo una indebida manipulación (y una mala traducción) del texto espiritual original y, señalando a la clase religiosa dirigente de Sus días, Jesús dijo:

Los maestros de la ley y los fariseos tienen la responsabilidad de interpretar a Moisés.” (Mat 23:2) [NVI]

Y acá viene el leitmotiv espiritual del asunto del ego humano:

“… no hagan lo que hacen ellos, porque no practican lo que predican. ” (Mat 23:3)

“… ellos mismos no están dispuestos a mover ni un dedo… ” (Mat 23:4)

Todo lo hacen para que la gente los vea...” (Mat 23:5) [NVI]

Estoy leyendo múltiples versiones de la Biblia (hasta en inglés) y, en particular, estoy citando de la Nueva Versión Internacional (1999) y la famosa (defectuosa) Reina-Valera (1960).

y aman los primeros asientos...” “… y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí. ” (Mat 23:6-7) [RV]

La medicina contra LA AUTO EXALTACIÓN, la vanidad humana, la da Jesús con estas palabras que no están contra el valor de la autoestima, sino contra la autosugestión egolátrica y ese culto egocéntrico:

Pero ustedes no esperen que la gente los llame maestros, porque ustedes son como hermanos, y tienen solamente un maestro.” (Mat 23:8) [TLA]

Llegados a ese punto, prefiero leer la Biblia RV, aunque -también- esa versión tenga los defectos insertados por el catolicismo de sus traductores originarios :

Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí [maestros]; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos.” (Mat 23:8)

¿Habló otro hombre mejor que Jesús, en relación a ese tema y al cultismo de líderes?

Cerrando ese tema del protagonismo religioso, adelantándose siglos a nuestros días, Jesús pronunció algo muy revolucionario para Sus días, pues, en todo patriarcado, los “líderes” buscan ser llamados padres o patriarcas:

“Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. ” (Mat 23:9)

¿Ha estudiado alguno la cultura de esos días? 

Jesús pudo haber parecido irreverente para un centenar de personas pero, lamentablemente, la gente de Sus días no parecía comprender la forma en que Mardoqueo (Est_3:2) solía comportarse frente a quien procuraba exaltación, veneración, y culto al personalismo.

Jesús es tremendamente coherente, como lo fue Mardoqueo en contra del culto al personalismo y, en ese sentido, no he leído a ningún autor que haga referencia a ese hecho, cuando menos literario) que puede leerse en el libro de Ester (mismo que sirve a los judíos para los fines de alguna fiesta religiosa, y no para esta enseñanza):

Y todos los siervos del rey que estaban a la puerta del rey se arrodillaban y se inclinaban ante Amán, porque así lo había mandado el rey; pero Mardoqueo ni se arrodillaba ni se humillaba.” (Est_3:2) [RV]

El culto al personalismo no es algo nuevo.

Recuerdo que ya dije que “La fama trae dinero y poder” (o una de las dos, en su defecto) y, en el caso de Amán, puede verse un problema de autoestima. Si yo la procuro, si yo la practico o la demando de otros, con seguridad, tengo problema de autoestima ¡Mismo al del que es lisonjero lamebotas!

De manera que, cuando decimos o escribimos: “Excelentísimo”, “Su Excelencia...” “Estimadísimo” (Etc.) no sólo recurrimos a términos de la hipocresía de la diplomacia académica, sino que -también- participamos en la lisonja de la actitud verbal, ya estilizada por siglos en la escuela de la hipócrita mentira. ¿Era Jesús adulador? ¡No! Y un millar de veces no. Sin embargo, la cristiandad es ciega cuando Él nos dice:

Ni permitan que los llamen “LÍDER[Jefes] porque tienen un solo Maestro, el Cristo.” (Mat 23:10) [CEV, GNB y DHHe]

Mucha gente en las iglesias llega a ella cuando en ésta nos manipulan la autoestima. Nos ofrecen amor “incondicional”, hermandad a borbollonees, abrazos y el calor del afecto que se extraña pero, por un lado, nos están induciendo con afecto a la RELIGIÓN y no al amor de Dios (que sí es sincero) (también algo doloroso, a veces).

Jesús y Mardoqueo tienen mucho en común:

Y vio Amán que Mardoqueo ni se arrodillaba ni se humillaba delante de él; y se llenó de ira.” (Est_3:5)

Psicológicamente, voy a referirles una de esas situaciones donde vemos al Jesús histórico (que nada tiene que ver con actividades políticas, lisonjeras ni comunistas):

  • Entonces le dijo Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte?” (Jn 19:10) [RV]

  • “—¿Te niegas a hablarme? —le dijo Pilato—. ¿No te das cuenta de que tengo poder para ponerte en libertad o para mandar que te crucifiquen? ” (Jn 19:10) [NVI]

Mas Jesucristo le dijo, para desairarlo, justo allí, en el altar de ese Ego pagano:

No tendrías ningún poder sobre mí si no se te hubiera dado de arriba...” (Jn 19:11) [NVI]

¡Qué coherente! ¡Alabado sea Dios Altísimo! Que nos ha dado el retrato de Su Hijo, mi Rey y Señor en la tierra (Valga la alabanza) (No lo escribo por adulación).

Sin embargo, ¿Qué actividad SECULAR se practica ampliamente en muchas iglesias? Se promueven las “escuelas” o “clases de líderes”… ¡Está bien! Quédense y exalten más “líderes”. Que ya bastante problemas les han causado por darle alas a esa clase de PROTAGONISMO egocéntrico. Y ello me recuerda unas palabras del A.T. (Antiguo Testamento):

Así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto se enalteció tu corazón, y dijiste: Yo soy un dios, en el trono de Dios estoy sentado en medio de los mares (siendo tú hombre y no Dios), y has puesto tu corazón como corazón de Dios… Con tu sabiduría y con tu prudencia has acumulado riquezas, y has adquirido oro y plata en tus tesoros. (…) ¡Tú, hombre eres, y no Dios, en la mano de tu matador!” (Eze 28:2-9)

Creo que, la elocuancia de ese pasaje ilumina qué es la autoestima desproporcionada, la auto exaltación desmedida y loca. Sin embargo, Jesús -con modestia- unos siglos luego nos dice:

Porque el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.” (Mat 23:12) [NVI]

¿Se aprecia la coherencia del mensaje del A.T. en conparación a lo que dice el N.T.?

Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.” (Mat 23:12) [RV]

A Dios no le interesa el sacrificio material de cosas (que Él posee por ser el Dueño de todo) sino el sacrificio personal de individuos (de la gente que debe cambiar de actitud). Si uno lee pasajes como el que abojo cito, comprenderá qué es lo que a Dios le molesta:

¿Para qué a mí este incienso de Sabá, y la buena caña olorosa de tierra lejana? Vuestros holocaustos no son aceptables, ni vuestros sacrificios me agradan. Por tanto, Jehová dice esto: He aquí yo pongo a este pueblo tropiezos, y caerán en ellos los padres y los hijos juntamente; el vecino y su compañero perecerán.” (Jer 6:20-21)

Si leemos Jeremías, en el mismo contexto en que el autor escribe esas palabras, comprenderemos qué sucede y, la razón por la que el profeta escribe el “sentir” de Dios y, si ese capítulo fuera resumido en unas pocas frases, éstas servirían:

Todos ellos son rebeldes, porfiados, andan chismeando; son bronce y hierro; todos ellos son corruptores.” (Jer 6:28).

Cuando yo chismeo, cuando critico y denuncio secretamente a espaldas de alguien a quien señalo con mis palabras o dedo acusador, estoy exaltándome a mí mismo, por encima de ellos o ellas.

El Antiguo Testamento (A.T.) tiene una cláusula que suelo transgredir (por ignorante) aunque, con certeza, declaro que ella es una interpolación mosaica:

No maldecirás al sordo, y delante del ciego no pondrás tropiezo, sino que tendrás temor de tu Dios. Yo Jehová. ” (Lev. 19:14)

Ello viene de una extrapolación (válida) de uno de esos pactos que se hicieron públicamente “mandamientos” durante la era mosaica, pero, inferidos bajo el buen espíritu de la ley divina:

Maldito el que hiciere errar al ciego en el camino.” (Deut. 27:18)

Maldito el que hiriere a su prójimo ocultamente.” (Deut 27:24) ¿No es eso una forma de ceguera?

Son pocos (y pocas) quizá los que hayan visto esta profecía cumplida en el Señor Jesucristo:

Sordos, oíd, y vosotros, ciegos, mirad para ver. ¿Quién es ciego, sino mi siervo? ¿Quién es sordo, como mi mensajero que envié? [Jesucristo] ¿Quién es ciego como mi escogido, y ciego como el siervo de Jehová, que ve muchas cosas y no advierte, que abre los oídos y no oye?” (Isa 42:18-20)

Que el Espíritu de Dios les ayude a discernir lo que a continuación transcribo, porque los católicos insisten en seguir cegados al culto de esas imágenes, como lo he sido yo al creer que las soluciones vienen del hombre:

Serán vueltos atrás y en extremo confundidos los que confían en ídolos, y dicen a las imágenes de fundición: Vosotros sois nuestros dioses. ” (Isa 42:17)

Nadie podrá decir que Jesús no hubo visto la idolatría en Sus días. La vio, cerró Su boca y, tal cual dice el párrafo anterior, se hizo el ciego y sólo criticó la egolatría (el egocentrismo) de quienes se suponía eran “líderes” y dirigentes espirituales de Su pueblo. ¡Qué falsa (y falta) espiritualidad!

El católico está confundido en esa mentira, drogado e los escritos que publica su gente -en cualquier parte del mundo- y, tristemente, es el católico el que más se inclina a desear cargos públicos o religiosos… No me toca a mí comentar el fruto de ese afán y, haría mal hablar y despotricar de mis hermanos (aunque yo no creo en la doctrina de la trinidad o ese Dios “Trino” o “Tri-Uno” que ellos se inventaron) ¡Dios UNO es! (Deut. 6:4; Mar. 12:29, 32)

Y ésta es la vida eterna: que Te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.” (Jn 17:3)

La idolatría, como tal, fue debatida siglos antes del Señor Jesús (por los profetas de Dios) y, siglos luego, por quienes comprendieron que el culto a las “imágenes” -ídolos hechos por artesanos- es cosa que NO da culto a Dios, sino a la hechura de hombre, como yo miso he dado culto personalista a quien NO debía.

Veamos lo que dijo Demetrio (Hch 19:24) un artesano contemporáneo a Saulo Pablo:

“—Compañeros, ustedes saben que obtenemos buenos ingresos de este oficio. Les consta además que el tal Pablo ha logrado persuadir a mucha gente, no sólo en Éfeso sino en casi toda la provincia de Asia. Él sostiene que no son dioses los que se hacen con las manos. Ahora bien, no sólo hay el peligro de que se desprestigie nuestro oficio, sino también de que el templo de la gran diosa Artemisa (Diana de los romanos) sea menospreciado, y que la diosa misma, a quien adoran toda la provincia de Asia y el mundo entero, sea despojada de su divina majestad. ” (Hch. 19:25-27) ¡Ciudadanos del mundo! ¡Caballeros de la verdad! ¿Quién es la co-REDENTORA entre los católicos? ¡La misma cosa de Demetrio hoy se repite! ¿No era la misma paganidad idolátrica del católico?

Encarta, en el aparte dedicado a la iconoclasia, nos dice:

Iconoclasia (del griego, eikon, 'imagen'; kloein, 'romper'), cualquier movimiento contra el uso religioso de imágenes, de modo muy particular el que agitó el Imperio bizantino en los siglos VIII y IX. En los años 726 y 730 el emperador León III el Isaurio, promulgó un decreto prohibiendo la veneración de imágenes.

¡Bien! ¿Qué hizo que la iglesia católica las aceptara (en contra de toda las enseñanas del A. T.)? Un sofisma, un planteamiento lisonjero, semejante al que tuvo Satán con Eva, al decir “no morirán...” (Gen 3:4-5).














¿Una causa espiritual que mostró tanto enfado divino, en el pasado -en el Antiguo testamento- no causa molestia espiritual (divina) a Dios y a los hombres?

Yo no conozco la opinión ni voluntad divina pero, sí creo a lo que -en parte- se dice al respecto, en el A.T.:

Y serviréis allí a dioses hechos de manos de hombres, de madera y piedra, que no ven, ni oyen, ni comen, ni huelen. ” (Deut. 4:28)

Las costumbres [tradiciones] de los pueblos no tienen valor alguno. Cortan un tronco en el bosque, y un artífice lo labra con un cincel. Lo adornan con oro y plata, y lo afirman con clavos y martillo para que no se tambalee. »Sus ídolos no pueden hablar; ¡parecen espantapájaros en un campo sembrado de melones! Tienen que ser transportados, porque no pueden caminar. No les tengan miedo, que ningún mal pueden hacerles, pero tampoco ningún bien.» ” (Jer 10:3-5)

¿Qué habría dicho Jesús al respecto? No lo sé, y creo que se cumplió esa profecía (Isa 42:17 y Isa 42:18-20). Sin embargo, el cultismo personal al egocentrismo lo denunció muy claro.