Es
extraño, particular en gran medida, que el evangelio de Jesucristo
no se haya manifestado atacando ese punto, aunque -los otros profetas-
parecen haber llevado ese tema hasta el agotamiento temático, quizá
hasta lo sumo de la exhaustivo, en lo que intelectualmente haya sido
posible, pues la idolatría,
como tema, se llevó hasta el terreno sexual, comparándola
con esa clase de infidelidad que duele al hombre, aunque -quizá-
ofenda a la mujer (La biblia, como literatura religiosa, tiene
una gran tendencia a la masculinidad) (en contra del “futuro”
feminismo). Dos ejemplos breves:
- “Te desposarás con mujer, y otro varón dormirá con ella...” (Deut 28:30) [Deslealtad compartida]
- “Porque desde muy atrás rompiste tu yugo y tus ataduras, y dijiste: No serviré. Con todo eso, sobre todo collado alto y debajo de todo árbol frondoso te echabas como ramera.” (Jer_2:20)
Acá
(en el segundo ejemplo) la alegoría, alude la deslealtad de una
mujer, pero no ataca al hombre
infiel, al promiscuo de género masculino. De manera que,
aunque no se desee, hay parcialidad de género en la Biblia.
Sé que lo entiendes ¿Pero se acepta eso o no? ¡No me toca
decidirlo! (aunque es un hecho verificable y muy extenso).
No
pretendo ser exhaustivo abordando este tema de la idolatría
cristiana, la paciencia del lector tiende a ser breve y la
idolatría es un tema largo que, cada quien, bien podría investigar
por sí mismo, sea por estudios perdonales o leyendo a esos autores
de fama. De mi parte, deseo ser breve y, si hasta este momento tengo
algo de atención, me considero -desde ya- bendecido, pero me prometo
brevedad y sólo deseo tratar de entender porqué Jesucristo, el Hijo
de Dios, parece ser mudo o “transparente” ante ese tema que los
antiguos profetas tantas veces trataron y, en ese momento histórico
-quien debía particularizarlo- parece no haberlo hecho, en una forma
abierta o prioritariamente decidida.
Jeremías,
por ejemplo, parece escribir sobre el enojo divino de la siguiente
forma:
“
¿A quién hablaré y amonestaré,
para que oigan? He aquí que sus oídos son incircuncisos, y no
pueden escuchar; he aquí que la
palabra de Jehová les es cosa vergonzosa, no la aman.
Por tanto, estoy lleno de la ira de Jehová, estoy cansado de
contenerme; la derramaré sobre los niños en la calle, y sobre la
reunión de los jóvenes igualmente; porque será preso tanto el
marido como la mujer, tanto el viejo como el muy anciano. Y sus
casas serán traspasadas a otros, sus heredades y también sus
mujeres; porque extenderé
mi mano sobre los moradores de la tierra,
dice Jehová. Porque desde el más chico de ellos hasta el más
grande, cada uno sigue
la avaricia; y desde
el profeta hasta el sacerdote, todos
son engañadores.
” (Jer 6:10-13)
Al
revisar este extracto, a simple vista, podemos ver que el desapego al
mandamiento es generalizado, al punto que la mano de Dios se
extenderá a toda la humanidad, porque “no
aman” la palabra de Dios (asumamos que la Torá es la
Palabra de Dios, esos días). En ese párrafo podemos ver -como parte
del tema de la idolatría- la palabra AVARICIA. Nuestro afán
desordenado de adquirir y atesorar riquezas, aunque dicho “culto”
no sólo se haya extendido al materialismo simple, sino al afán de
poseer más protagonismo que otras personas, más “amigos”
virtuales en la red o comunidades virtuales, o hasta más allá de
las cosas que podamos tener en casa, sino en esos títulos o
méritos que podamos exhibir en las paredes o en los certificados de
los cursos o estudios que hayamos realizado. La avaricia ha
trascendido el campo material al campo interpersonal. No sólo se
quedó en “objetos”, sino en la posesión de “personas” y sus
cosas. De allí que, en alguna medida, cada persona desee ser “líder”
comunitario, coach o manager de otros, pionero en esto
y lo otro.
Para
llegar a saciarnos, padeciendo el mal de la avaricia, la mentira
es un medio para iniciarse en ese camino. Volverse falsos y
engañadores, es un acto reflejo de esa enfermedad y, seguir a los
políticos, religiosos y sus “líderes” es caer en la idolatría,
en ese clase de cultismo, que no todos caemos en cuenta haber
participado. ¿Has seguido a una persona por lo atractivo que sea su
liderazgo religioso o social? ¿Has seguido a una persona por la
conveniencia de tenerla cerca para ganarte su atención o la atención
de otras y de otros? Si ha sido así, tal vez, el síndrome de la
avaricia te haya afectado, aunque sea en una forma tangencial y
colateral. Si has mentido o fingido -dando culto al personalismo-
ajeno o al tuyo, puedes hacer el diagnóstico…
Es
interesante leer, en Jeremías, que “la enfermedad” afecta
-también- a sacerdotes y profetas. No sólo contamina el plano
secular, sino el religioso y, cuando escucho o veo a pastores
imitando el estilo del “apóstol” Guillermo Maldonado, usando sus
frases o sus gestos, al instante, identifico al discípulo de otro
(no es un seguidor de Jesucristo).
Obvio
que Jeremías hablaba de ese tiempo y, sin embargo, lo colateral
(bueno o malo) puede extenderse “desde
el profeta hasta el sacerdote” ¿Todos somos falsos y
engañadores? Cada uno de nosotros sabrá reconocer si ha querido ser
muy popular o afamado: La fama trae
dinero y poder. ¿Quién no ha querido ambas cosas? (No
condono -ni justifico- mi pecado ni el de nadie)
Jeremías
dice (de parte de Dios) que no hay vergüenza en nosotros:
“¿Se
han avergonzado de haber hecho abominación? Ciertamente no
se han avergonzado,
ni aun saben tener vergüenza; por tanto, caerán entre los que
caigan; cuando los castigue caerán, dice Jehová. ”
(Jer 6:15)
¿Puede
un escritor, sin inspiración, escribir cosas
del alma si Dios no está de su lado, ayudándole a escribir?
Jeremías no sólo discernía el alma de su pueblo, sino -también-
el nuestro, en nuestros días.
He
aquí la medicina que un autor inspirado nos deja, con el puño
del espíritu que le inspira:
“Así
dijo Jehová: Paraos en los caminos,
y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen
camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma.”
(Jer 6:16)
Jesucristo,
por Su parte, también habló de esa clase de engañadores. He sido
muy claro al decir que Él no puntualizó el tema de la idolatría,
como aquella combatida por la iconoclasia de los profetas del
Antiguo Testamento, pero -ciertamente- adelantándose al preludio de
hombres y mujeres que buscan culto
personal a sus egos, por sus formas y maneras personales, en
lugar de adorar o venerar a la persona de Dios.
Antes
de abordar el tema de la avaricia o el egocentrismo que
tan sabiamente trató el Señor Jesucristo, he de hablar -brevemente-
de la idolatría o iconoclasia que la historia manejó
en el pasado. Voy a usar imágenes para ahorrarme el trabajo de
escribir mucho, a expensas de honrar el trabajo ajeno, que -también-
merece reconocimiento.
El
diccionario Larousse nos dice:
Tristemente,
hoy día, los católicos no están conscientes de la clase de culto
que dan a “la deidad”. En sus mentes, el sincretismo católico e
idolátrico creció con ellos y, si yo fuera un fumador o consumidor
de drogas (como la del café y su cafeína) no vería sino por
satisfacer mi necesidad de tocar tales cosas, tenerlas o venerarlas,
y esa es la situación para el idólatra (y esa forma de cultismo
religioso).
Con
dolor, he de confesar, tengo un hermano idólatra y otros parientes
idólatras. Uno no puede decirle al borracho o drogadicto: “Tienes
problemas de adicción” porque -de inmediato- te atacarán con
palabras y malas actitudes y, la verdad (también) es que los
cristianos -igualmente- tenemos problemas de alguna forma de adicción
o cultismo idolátrico. ¡Cierto! Camuflados en ciertas formas del
sincretismo operativo y, como ejemplo de ello, cito un par de
casos personales (que también afectan a otros y a otras
personas):
¿Cuál
es mi actitud respecto al dinero
o al cuido de valores materiales?
¿Cuál
es mi admiración hacia el sexo
o hacia el cuerpo de las mujeres?
¿Qué
actitud tengo hacia la comida:
Vivo para comer o como para vivir?
Es
curioso, y lo escribiré de forma chocante, para que sea más viva la
impresión de lo que pienso y vivo: Puede que yo, A. J. Toro H., no
esté dispuesto a arrodillarme ante Dios ni ante la “autoridad”
de nadie -pero- en relación al sexo, me arrodillo cada vez que tengo
la oportunidad de eyacular… ¿No es eso dar culto al sexo?
(Hasta aquí dejo ese tema sexual) ¡Toca a cada persona ver
cuánto hay de cultismo! Y más, en ese asunto particular, tan
individual.
Quiero
“definir” qué entiendo por culto,
y qué por cultismo. Al fin,
igual, me valgo de un par de fotos del diccionario Larousse, que se
auto explican:
Es
posible que yo no haya empleado la palabras apropiada para
indicar culturalismo y, en lugar de ella, uso cultismo,
pues, aunque antropológica y etimológicamente pienso estar en lo
correcto, los eruditos la han acuñado para usarla en otra forma y
otro fin, significando (quizá) lo mismo que intento asentar en este
documento que tiene que ver con su significación en el campo
religioso (que -también- es cultura).
Intentaré explicarme, aunque ello no me justifique: Cuando
usted va por la calle, en alguna parte de Latino América, usted
podrá “identificar” fácilmente al cristiano Protestante del
Católico nominal. Quizá las actitudes generales sean semejantes del
uno frente al otro; el vestir puede que sea el mismo pero, por lo
general, el protestante llevará una Biblia negra, del mismo modo
como el judío (posiblemente) lo verá caminando con su Kipá o sus
ropas negras. Ello forma parte del cultismo, la cultura religiosa de
estos individuos que son parte de un colectivo mayor (no
mayoritario).
El
Amish, en Norteamérica (Pensilvania), se caracteriza por sus ropas,
su coche negro tirado a caballo y esa austeridad que no todos
tenemos, producto de su cultismo (o culturalismo). Como dice
el diccionario: “tienen una individualidad personal típica”
(reconocible, un cliché religioso estereotipado),
“unas ideas, una mentalidad, un comportamiento y una estructura
sicológica
particular” (patrones de comportamiento comunes,
“afines” y recurrentes). ¡Eso es cúltico! Objeto de su
culto, a lo que dan veneración y atención (cultismo y
culturalidad).
En
nuestro mundo secular, damos
culto al dinero, a la fama, a las posesiones materiales, y los
atributos físicos y mentales. Veneramos las calificaciones
académicas, tanto como a los logros y conquistas materiales. Admiro
y reverencio las formas, tanto como a quien las posea
(particularmente, si es una mujer). ¡Eso es cultismo! Dentro de lo
que antropológicamente puede identificarse como
culturalista (recibiendo admiración desmedida o culto).
Jesucristo
no atacó a la idolatría iconográfica o, más bien,
iconoclásica. ¡Asunto tan peculiar este! (a menos que
ciertamente tengamos -en los evangelios- una mala versión de enésima
mano [adulterada] del Mesías).
Si
usted ha leído la Biblia, tanto como yo, ha de extrañar algo:
- Que Jesús Nazareno no atacó a nadie en relación a la ilegítima posesión de ídolos en sus casas judías.
- Que Jesús no criticó a ningún gentil romano que -obviamente- las poseyese.
- Que lo más cercano a toda crítica contra la idolatría estuvo referida en contra de la auto exaltación, el culto del Yo y del desmedido ego humano (en lo político, y en lo religioso).
Que
el Santo Espíritu de Dios me asista en tan
menuda tarea de señalar lo que Jesús dejó de decirnos al dejar esa
tarea en manos de hombres que, probablemente ESCRIBIERON, y otros
hombres mutilaron (y borraron de Su historia).
Desde
el A.T. al N.T. veo una coherencia temática sorprendente en
relación a la vanidad humana. Si alguien no quiere apreciar la
vanidad como un tema literario, seguramente puede verla
como un aspecto espiritual de la vida humana o, en su defecto, como
un tema de actualidad psicológica pero, tanto hoy como en aquellos
días, la vanidad tiene relevancia y es aquí donde quiero establecer
relaciones para que, el día que esto se lea, alguien pueda llegar a
entenderlas, así como esta desconfianza que me queda al no leer a
Jesús tratando el tema, más abierta y públicamente, desde el punto
de vista idolátrico (porque es idolatría, culto al Yo
y al Ego). ¡Es la “promoción” (propaganda) casi
supersticiosa del Yo!
Permítaseme
observar el tema de la vanidad humana
(la auto exaltación del
Ego) a través de
las pocas veces que leo a Jesús enseñando este tema, aunque
seguramente hubo una indebida manipulación (y una mala traducción)
del texto espiritual original y, señalando a la
clase religiosa dirigente de Sus días, Jesús dijo:
“Los
maestros de la ley y
los fariseos tienen la responsabilidad de interpretar a Moisés.”
(Mat 23:2) [NVI]
Y
acá viene el leitmotiv espiritual del asunto del ego humano:
“…
no hagan lo que hacen ellos, porque
no practican lo que
predican. ” (Mat 23:3)
“…
ellos mismos no están dispuestos a mover ni un dedo… ” (Mat
23:4)
“Todo
lo hacen para que la gente los vea...” (Mat 23:5) [NVI]
Estoy
leyendo múltiples versiones de la Biblia (hasta en inglés) y, en
particular, estoy citando de la Nueva Versión Internacional
(1999) y la famosa (defectuosa)
Reina-Valera (1960).
“y
aman los primeros asientos...” “… y
las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí,
Rabí. ” (Mat 23:6-7) [RV]
La
medicina contra LA AUTO EXALTACIÓN, la vanidad humana, la da Jesús
con estas palabras que no están contra el valor de la
autoestima, sino contra la autosugestión egolátrica y ese
culto egocéntrico:
“Pero
ustedes no esperen que la
gente los llame maestros,
porque ustedes son como hermanos, y tienen solamente un maestro.”
(Mat 23:8) [TLA]
Llegados
a ese punto, prefiero leer la Biblia RV, aunque -también- esa
versión tenga los defectos insertados por el catolicismo de sus
traductores originarios :
“
Pero vosotros no
queráis que os llamen Rabí
[maestros];
porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos
vosotros sois hermanos.” (Mat 23:8)
¿Habló
otro hombre mejor que Jesús, en relación a ese tema y al cultismo
de líderes?
Cerrando
ese tema del protagonismo religioso, adelantándose siglos a nuestros
días, Jesús pronunció algo muy revolucionario para Sus días,
pues, en todo patriarcado, los “líderes” buscan ser llamados
padres o patriarcas:
“Y
no llaméis padre vuestro a nadie
en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los
cielos. ” (Mat 23:9)
¿Ha
estudiado alguno la cultura de esos días?
Jesús pudo haber parecido
irreverente para un centenar de personas pero, lamentablemente, la
gente de Sus días no parecía comprender la forma en que Mardoqueo
(Est_3:2) solía comportarse frente a quien procuraba exaltación,
veneración, y culto al personalismo.
Jesús
es tremendamente coherente, como lo fue Mardoqueo en contra del culto al personalismo y, en ese
sentido, no he leído a ningún autor que haga referencia a ese
hecho, cuando menos literario) que puede leerse en el libro de
Ester (mismo que sirve a los judíos para los fines de alguna
fiesta religiosa, y no para esta enseñanza):
“Y
todos los siervos del rey que estaban a la puerta del rey se
arrodillaban y se inclinaban
ante Amán, porque así lo había mandado el rey; pero Mardoqueo
ni se arrodillaba ni se humillaba.”
(Est_3:2) [RV]
El
culto al personalismo no es algo nuevo.
Recuerdo
que ya dije que “La fama trae dinero
y poder” (o una de las dos, en su defecto) y, en el caso de
Amán, puede verse un problema de autoestima. Si yo la
procuro, si yo la practico o la demando de otros, con seguridad,
tengo problema de autoestima ¡Mismo al del que es lisonjero
lamebotas!
De
manera que, cuando decimos o escribimos: “Excelentísimo”,
“Su Excelencia...” “Estimadísimo” (Etc.) no
sólo recurrimos a términos de la hipocresía de la diplomacia
académica, sino que -también- participamos en la lisonja de la
actitud verbal, ya estilizada por siglos en la escuela de la
hipócrita mentira. ¿Era Jesús adulador? ¡No! Y un millar de veces
no. Sin embargo, la cristiandad es ciega cuando Él nos dice:
“Ni
permitan que los llamen “LÍDER”
[Jefes]
porque tienen un solo Maestro, el Cristo.” (Mat 23:10)
[CEV, GNB y DHHe]
Mucha
gente en las iglesias llega a ella cuando en ésta nos manipulan
la autoestima. Nos ofrecen amor “incondicional”, hermandad a
borbollonees, abrazos y el calor del afecto que se extraña pero, por
un lado, nos están induciendo con afecto a la RELIGIÓN y no
al amor de Dios (que sí es sincero) (también algo doloroso, a
veces).
Jesús
y Mardoqueo tienen mucho en común:
“Y
vio Amán que Mardoqueo ni
se arrodillaba ni se humillaba delante de él;
y se llenó de ira.” (Est_3:5)
Psicológicamente,
voy a referirles una de esas situaciones donde vemos al Jesús
histórico (que nada tiene que ver con actividades políticas,
lisonjeras ni comunistas):
- “Entonces le dijo Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte?” (Jn 19:10) [RV]
- “—¿Te niegas a hablarme? —le dijo Pilato—. ¿No te das cuenta de que tengo poder para ponerte en libertad o para mandar que te crucifiquen? ” (Jn 19:10) [NVI]
Mas
Jesucristo le dijo, para desairarlo, justo allí, en el altar de ese
Ego pagano:
“No
tendrías ningún poder sobre mí si no se te hubiera dado de
arriba...”
(Jn 19:11) [NVI]
¡Qué
coherente! ¡Alabado sea Dios Altísimo! Que nos ha dado el
retrato de Su Hijo, mi Rey y Señor en la tierra (Valga la alabanza)
(No lo escribo por adulación).
Sin
embargo, ¿Qué actividad SECULAR se practica ampliamente en muchas
iglesias? Se promueven las “escuelas” o “clases de líderes”…
¡Está bien! Quédense y exalten más “líderes”. Que ya
bastante problemas les han causado por darle alas a esa clase de
PROTAGONISMO egocéntrico. Y ello me recuerda unas palabras del A.T.
(Antiguo Testamento):
“Así
ha dicho Jehová el Señor:
Por cuanto se
enalteció tu corazón,
y dijiste: Yo soy un dios, en el trono de Dios estoy sentado en medio
de los mares (siendo tú hombre y no Dios), y has
puesto tu corazón como corazón de Dios…
Con tu sabiduría y con tu prudencia has acumulado riquezas, y has
adquirido oro y plata en tus tesoros. (…) ¡Tú,
hombre eres, y no Dios,
en la mano de tu matador!” (Eze 28:2-9)
Creo
que, la elocuancia de ese pasaje ilumina qué es la autoestima
desproporcionada, la auto exaltación desmedida y loca. Sin embargo,
Jesús -con modestia- unos siglos luego nos dice:
“Porque
el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla
será enaltecido.” (Mat 23:12) [NVI]
¿Se
aprecia la coherencia del mensaje del A.T. en conparación a lo que
dice el N.T.?
“Porque
el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será
enaltecido.” (Mat 23:12) [RV]
A
Dios no le interesa el sacrificio
material de cosas (que Él posee por ser el Dueño de
todo) sino el sacrificio personal de individuos (de la gente
que debe cambiar de actitud). Si uno lee pasajes como el que abojo
cito, comprenderá qué es lo que a Dios le molesta:
“¿Para qué a mí este incienso de
Sabá, y la buena caña olorosa de tierra lejana? Vuestros
holocaustos no son
aceptables, ni
vuestros sacrificios me agradan.
Por tanto, Jehová dice esto: He aquí yo pongo a este pueblo
tropiezos, y caerán en ellos los padres y los hijos juntamente; el
vecino y su compañero perecerán.” (Jer 6:20-21)
Si
leemos Jeremías, en el mismo contexto en que el autor escribe esas
palabras, comprenderemos qué sucede y, la razón por la que
el profeta escribe el “sentir” de Dios y, si ese capítulo fuera
resumido en unas pocas frases, éstas servirían:
“Todos
ellos son
rebeldes,
porfiados,
andan
chismeando;
son bronce y hierro; todos ellos son
corruptores.”
(Jer 6:28).
Cuando
yo chismeo, cuando critico y denuncio secretamente a espaldas de
alguien a quien señalo con mis palabras o dedo acusador, estoy
exaltándome a mí mismo, por encima de ellos o ellas.
El
Antiguo Testamento (A.T.) tiene una cláusula que suelo transgredir
(por ignorante) aunque, con certeza, declaro que ella es una
interpolación mosaica:
“No
maldecirás al sordo,
y delante del ciego no
pondrás tropiezo,
sino que tendrás temor de tu Dios. Yo Jehová. ” (Lev.
19:14)
Ello
viene de una extrapolación (válida) de uno de esos pactos que se
hicieron públicamente “mandamientos” durante la era mosaica,
pero, inferidos bajo el buen espíritu de la ley divina:
“Maldito
el que hiciere errar
al ciego en el
camino.” (Deut. 27:18)
“Maldito
el que hiriere a su prójimo ocultamente.”
(Deut 27:24) ¿No es eso una forma de ceguera?
Son
pocos (y pocas) quizá los que hayan visto esta profecía cumplida en
el Señor Jesucristo:
“Sordos,
oíd, y vosotros, ciegos,
mirad para ver.
¿Quién es ciego, sino mi siervo? ¿Quién es sordo, como mi
mensajero que envié?
[Jesucristo]
¿Quién es ciego como mi
escogido, y ciego como el siervo de Jehová, que ve muchas cosas y no
advierte, que abre los oídos y no oye?” (Isa 42:18-20)
Que
el Espíritu de Dios les ayude a discernir lo que a continuación
transcribo, porque los católicos insisten en seguir cegados al culto
de esas imágenes, como lo he sido yo al creer que las soluciones
vienen del hombre:
“Serán
vueltos atrás y en extremo confundidos los
que confían en ídolos,
y dicen a las imágenes de fundición: Vosotros sois nuestros dioses.
” (Isa 42:17)
Nadie
podrá decir que Jesús no hubo
visto la idolatría en Sus días. La vio, cerró Su boca
y, tal cual dice el párrafo anterior, se hizo el ciego y sólo
criticó la egolatría (el egocentrismo) de quienes se suponía eran
“líderes” y dirigentes espirituales de Su pueblo. ¡Qué
falsa (y falta) espiritualidad!
El
católico está confundido en esa mentira, drogado e los escritos que
publica su gente -en cualquier parte del mundo- y, tristemente, es el
católico el que más se inclina a desear cargos públicos o
religiosos… No me toca a mí comentar el fruto de ese afán y,
haría mal hablar y despotricar de mis hermanos (aunque yo no creo en
la doctrina de la trinidad o ese Dios “Trino” o “Tri-Uno” que
ellos se inventaron) ¡Dios UNO es! (Deut. 6:4; Mar. 12:29, 32)
“Y
ésta es la vida eterna: que Te conozcan a Ti, el
único Dios
verdadero, y a Jesucristo, a
quien has enviado.” (Jn 17:3)
La
idolatría, como tal, fue debatida siglos antes del Señor Jesús
(por los profetas de Dios) y, siglos luego, por quienes comprendieron
que el culto a las “imágenes” -ídolos hechos por artesanos- es
cosa que NO da culto a Dios, sino a la hechura de hombre, como yo
miso he dado culto personalista a quien NO debía.
Veamos
lo que dijo Demetrio (Hch 19:24) un artesano contemporáneo a Saulo
Pablo:
“—Compañeros,
ustedes saben que obtenemos buenos ingresos de este oficio. Les
consta además que el tal Pablo ha logrado persuadir a mucha gente,
no sólo en Éfeso sino en casi toda la provincia de Asia. Él
sostiene que no son dioses los que se hacen con las manos. Ahora
bien, no sólo hay el peligro
de que se desprestigie nuestro oficio, sino
también de que el templo de la gran diosa Artemisa
(Diana
de
los romanos) sea
menospreciado, y que la
diosa misma, a quien adoran toda
la provincia de Asia y el mundo
entero, sea despojada de su
divina majestad. ” (Hch. 19:25-27) ¡Ciudadanos del
mundo! ¡Caballeros de la verdad! ¿Quién es la co-REDENTORA entre
los católicos? ¡La misma cosa de Demetrio hoy se repite! ¿No era
la misma paganidad idolátrica del católico?
Encarta,
en el aparte dedicado a la iconoclasia, nos dice:
“Iconoclasia
(del griego, eikon, 'imagen'; kloein, 'romper'), cualquier movimiento
contra el uso religioso de imágenes, de modo muy
particular el que agitó el Imperio bizantino en los siglos VIII
y IX. En los años 726 y 730 el emperador León III el Isaurio,
promulgó un decreto prohibiendo la veneración de imágenes.”
¡Bien!
¿Qué hizo que la iglesia católica las aceptara (en contra de toda
las enseñanas del A. T.)? Un sofisma, un planteamiento
lisonjero, semejante al que tuvo Satán con Eva, al decir “no
morirán...” (Gen 3:4-5).
¿Una
causa espiritual que mostró tanto enfado divino, en el pasado -en el
Antiguo testamento- no causa molestia espiritual (divina) a Dios y a
los hombres?
Yo
no conozco la opinión ni voluntad divina pero,
sí creo a lo que -en parte- se dice al respecto, en el A.T.:
“Y
serviréis
allí a dioses
hechos de manos de hombres,
de madera y piedra, que no ven, ni oyen, ni comen, ni huelen.
” (Deut. 4:28)
“Las
costumbres [tradiciones]
de los pueblos no tienen valor alguno. Cortan un tronco
en el bosque, y un artífice lo labra con un cincel. Lo adornan con
oro y plata, y lo afirman con clavos y martillo para que no se
tambalee. »Sus ídolos no pueden
hablar; ¡parecen espantapájaros en un campo sembrado de melones!
Tienen que ser transportados, porque no pueden caminar. No les tengan
miedo, que ningún mal pueden hacerles, pero tampoco ningún bien.»
” (Jer 10:3-5)
¿Qué
habría dicho Jesús al respecto? No lo sé, y creo que se cumplió
esa profecía (Isa 42:17 y Isa 42:18-20). Sin embargo, el cultismo
personal al egocentrismo lo denunció muy claro.
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