Por lo general, el Nuevo Testamento (NT) suele mencionar el delito del pecador, pero no al culpable del pecado. De mi parte, parafraseando a Juan, creo que el evangelio “se ha escrito para que crean” (Jn 20:31).
El evangelio de Juan es singular. Particularmente, podemos leer datos propios de un testigo ocular, alguien cercano y/o presencial; mismo de quien nos ayuda en las deficiencias aclarando vacíos, donde “misteriosamente” desaparecen detalles o datos, que han sido deliberadamente disimulados, encubiertos, por alguna limitada complicidad testimonial o por la miopía de los evangelios sinópticos.
¿No dijo Jesús algo al respecto de esos ocultamientos? ¡Sí!
“Y él dijo: A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.” (Luc 8:10)
“Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.”
(Mat 13:13).
“Y sin parábolas no les hablaba; aunque a sus discípulos en particular les declaraba todo.” (Mar 4:34)
Antes de mencionar alguna equívoca sentencia que involucre la opinión predominante de las ideas de la tradición religiosa y, particularmente lo que se ha escrito o dicho, puedo mencionar que veo en Marcos al gran primer encubridor (honorable) del evangelio y, esta opinión, la digo en el BUEN sentido. [“…saca primero la viga de tu propio ojo...”] (Mat 7:5)
A continuación, quiero presentarles –más adelante– una breve situación, donde Juan –contrariamente a otros evangelistas- expone hechos tipificados como delitos del modo como lo haría un fiscal judicial, aludiendo (directamente) explicaciones mentales internas de motivos, aunque no sean suyos, ni de personajes presenciales de quien narra algo.
Poco tiempo después de ese día (noche, más bien) del costoso perfume con que Jesús fue ungido -progresiva, discreta y deliberadamente- se escondió la identidad de “la pecadora”, su nombre, durante buena parte del primer siglo.
En mi opinión, Marcos fue el primer evangelio en circular por escrito, en la comunidad judeo-cristiana. Lo oral, lo tradicionalmente verbal, siempre ha recirculado, como esa tradición religiosa que hoy nos ha llegado y hemos conocido de enésima mano, mediante la voz y docena de libros. Sin embargo, delatar, denigrar -de forma escrita- quién fuera aquel o aquellas personas con un libelo, no sólo era un acto moralmente cobarde o deshonroso sino –también- una desgracia para aquella persona aludida (1), para los suyos (2) o un descrédito para la nueva comunidad de judíos excomulgados con gentiles paganos que se volvieron cristianos (3) quienes estuvieron evitando, no sólo de la desaprobación judía que mató al Hijo de Dios, sino huyendo del golpe del puño alquilado y represivo de fanáticos judíos, de extranjeros y romanos, a gusto del dinero o sus credos.
Marcos, menos extenso, de objetivo ligero, poco ilustrativo o sincero como Juan, nos dice algo “general” de ese acto de humildad femenino y, jugando un poco con los significados directos, describiría sobre “el acto de la extrema unción” de Jesucristo el disimulado reproche de: “…hubo algunos…”
Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume? (Mar 14:4)
¿Quiénes eran los presentes?
¿Cuántos eran, en total?
¿Qué les causó ese enojo, verdaderamente?
Aunque no puedo dar respuesta exacta a nada allí, menos no siendo testigo presencial, puedo especular sobre el erotismo de tal escena. Si yo fuera Simón, “el leproso” o fariseo, habiendo conocido la “fama” de aquella mujer o, sabiendo de mi propia concupiscencia ¿No vería a esa mujer, a su acto, con algo de erotismo disimulado, con envidia e incomodidad?
Marcos, cuando menos, es más exacto que aquellos que todo lo generalizan, involucrando a todos los presentes o a todos los apóstoles. Tal parece allí, algunos de los presentes se solidarizaron con Judas quien, económica y espiritualmente, sí tenía razones de peso para que cayera más dinero al tesoro que llevaba en sus manos.
Marcos no explica las razones privadas de la indignación ni de la incomodidad, sino que nos presenta hechos sucedidos, imparcialmente y, si hubiera sido testigo ocular, nos habría explicado porqué se incomodó personalmente él, pero no con una vaga manera elaborada y, en nuestro caso, es el lector quien debe entender y hacer el esfuerzo de razonarlo pues, no nos explica la mentalidad de nadie ni complementa con opiniones de los presentes (ni interpolaciones externas) como Juan.
(*) ¡Sí! A decir verdad, hay una interpolación (Marcos 16:17-18), y no sé si vino de su mano, de la comunidad de creyentes compilando los evangelios, o de alguien más, una década o siglos luego. ¿Esas señales acompañan universalmente a todo creyente?
En Marcos, luego de la afirmación y del reproche de Jesús (oído por Judas) hubo una acción no explicada:
“Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los principales sacerdotes para entregárselo.” (Mar 14:10)
¿Se enojó allí ese ladrón, largándose ipso facto con la molestia?
¿Catalizaron algo esas palabras las ganas que ya tenía de lucrarse, sea del Señor o de su relación con el grupo de creyentes o fanáticos?
Juan, y otros sinópticos, complementa ese vacío que no nos explica nada de los motivos internos de Judas. Sin embargo, inferir cosas especulativamente, con lo que Marcos nos haya dicho, sería forzar cosas y, en ese sentido, a Marcos lo veo como el primer gran encubridor y, aunque no lo fuese, pienso que hubo motivos allí, razones económicas, sentimiento de autoprotección o de seguridad colectiva, mismos que no denunciaban o entregaban personas, sino hechos; juntamente unidos a nombres encubiertos, durante el 1er. Siglo.
Lucas, imprecisa o desfasadamente de la cronología lógica, presenta el acto del ungimiento en otro orden (o pueblo) al que Marcos o Juan distintamente lo presentan. Jesús come en una villa (Luc 7:37) y, de la nada, aparece “la pecadora” de un indeterminado pueblo y, haciendo lo que aquella hizo, un fariseo Simón inmediato la reconoce como “pecadora” (Luc 7:39). ¿Por qué se descubren los pensamientos de ese hombre y sus prejuicios, y no se descubre el nombre de ella? Por el concierto de un encubrimiento honorable y, quizá, hasta el nombre de aquel fariseo pudo haber sido cambiado.
El capítulo 7 de Lucas está ingenuamente desfasado de la cronología propia de ese acontecimiento único pues, esa pascua judía de la crucifixión vino al tiempo final al apogeo de Su ministerio terrenal, como un evento anunciado, profético y “determinable” y -a ciencia cierta- no nos indicaron el nombre de la dama ni el nombre de ese pueblo; pero sí nos es conocido el prejuicio del fariseo Simón… Cabe preguntarse si, en algún momento ¿Ése era Simón “el leproso”? ¿Jesús le sanó en algún momento antes, como a “María” Magdalena?).
Conocemos la excusa indignada que esgrimieron “algunos” de los presentes (no todos), la astucia de Judas, y el prejuicio de Simón fariseo (en ¡Betania!).
Mateo (Mat 26:6) nos ayuda a determinar un nombre (Simón) y un pueblo (Betania). Mateo no particulariza el detalle de quiénes se solidarizaron -allí- con Judas (Mat 26:8-9) pero sí quién se solidarizó con “la buena obra” de la mujer. Nadie aclara detalle adicional sobre la real incomodidad de aquella gente, ni se precisa cuántos días faltaban para Su muerte.
El encubrimiento honroso no señala al pecador, sino al pecado.
Inadvertidamente por años, uno de los primeros ejemplos que recuerdo haber leído del encubrimiento honroso está –precisamente- en Marcos 14:52.
A efectos del lector contemporáneo que procura informarse, no importa el pecado de la desnudez puritana de hace siglos, ni la persona que huyó para no ser torturada o morir cuando capturaron a Jesucristo. Ese detalle es, sin embargo, parte sumarial de lo que allí pasó, y nos sirve para conocer –con certeza- que un testigo presencial se escondió (o fue colectivamente escondido o protegido) en el mudo anonimato de testigos presenciales y, mientras se transmitía esa tradición oral, su nombre no fue públicamente expuesto a riesgo, a burlas ni se le dejó ver a la traición de conocidos.
¡Qué detalle! Ese dato añade credibilidad ingenua, más que restar o desvirtuar significancia al dato no especificado.
¿Era Juan apóstol?
¿Era Juan Marcos?
¿Se habrán hecho chistes, mientras estuvieron vivos?
¡Apuesto a ello!
Por motivo de tiempo, para evitar confusiones innecesarias, no me extenderé en la idea especulativa de que Marcos fue el primer evangelio en ponerse en circulación, pero, sí dejaré sólo un versículo que se auto explica eso:
“Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.” (Mar 1:1 )
¿Alguno otro lo dijo así, sin rodeos?
¿Amerita ello una doctrina de fe que nos explique más?
Y, tal como Juan 1:1, tiene suficiente mérito con ello.
De inmediato, paso a otra idea, sobre el encubrimiento honorable.
Si Jesús quiso enaltecer a esa mujer que lo honró en vida (Mar 14:9) ¿Por qué no nos dijo su nombre “para memoria de ella”?
Y en verdad os digo: Dondequiera que el evangelio se predique en el mundo entero, también se hablará de lo que ésta ha hecho, para memoria suya. (Mar 14:9 )
Es obvio que, algo más de ella, debía esconderse (¿por impúdico?) y, tomando palabras de Lucas (Luc 7:47) podemos entender que su presencia (memoria) convivió y perduro con el grupo pues, alguien que “haya amado mucho” (y de verdad) no se deja instantáneamente, no se le abandona en la indiferencia de desapegos ni se le dispersa, de una manera abrupta, a menos que muera, o se halle en peligros inminentes.
Juan es el fiscal sumarial. A su edad, ya viejo y a punto de morir, podía no temer nada, y sincerarse sin temores o consecuencias inmediatas. Su evangelio suple allí donde pudiera haber habido deficiencias testimoniales y, aunque el encubrimiento honroso no es algo en lo que Pedro pudiera haber reclamado parte y cobertura, para encubrir su humanidad (y las tres veces que negó al Señor Jesucristo) una dama de acciones excelentes es alguien especial y, tanto más si, adicionalmente, fue aquella la mujer de quien salieron 7 demonios (Luc 8: 2) y, por su amor filial, permanecía unida al grupo de creyentes, tanto como siguió a la tumba a su Señor.
En Lucas ¿No es conspicuo (o sospechoso) ver que, el capítulo precedente al comentario de los siete demonios (Luc 7:37-38 versus Luc 8: 2) tenga que ver con la unción del perfume costoso?
Ciertísimamente, el perfume me llega, pero nada allí vincula a “María” Magdalena con el acto de la “segunda” unción en Lucas, pero éste, usando el mismo tipo de insight mental que tuvo Juan, por analogía, el Espíritu puede llevarnos a creer lo que Dios quiera, y lo explico:
Lucas estaba en su proceso de volcar lo que había indagado con “testigos” (él no fue testigo presencial, ni ocular, de los primeros Hechos)
Al escribir y transcribir sus notas, bien pudo entender (u oír) cosas de los testigos oculares y/o presenciales.
Escribiéndolo todo, pudo ser guiado por el Espíritu de Dios a escribir lo que nos dijo.
Juan, por su parte, en otro lado y tiempo, tuvo el mismo insight “explicativo” y, testimonialmente, aclaró lo que los otros evangelios no nos habían dicho (por razones honrosas).
No tengo nada sólido para ayudar a nadie a entender (o explicar) lo que ahora comparto en este artículo. Sin embargo, apelando a la analogía vista en Juan, entiendo el estado mental de quien –subjetivamente- nos ha hablado con sus letras.
En ese momento, Juan escribía de Lázaro, un vecino de Betania y, por la forma en que nuestra mente funciona estableciendo conexiones, ideas, “María” le salió al ruedo, de esta forma:
“(María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume, y le enjugó los pies con sus cabellos.)” Juan 11:2
En griego y en los textos “originales” ¿Acotó Juan esos paréntesis, y a destiempo?
Aunque no fuese así… ¿Es ese detalle –puntual- una inserción externa (interpolación) necesaria y trascendente, fuera del conocimiento interior del autor?
Y, de no ser conforme a lo escrito originalmente, es una interpolación en la línea natural de pensamiento, pero, ¿De quién es ese dato?
No veo un sesgo religioso (o doctrinal) en esa ACLARATORIA situacional. No veo un calificativo despectivo o calificador en las palabras de Juan, tal como sería llamarle “pecadora” (o identificarla con algún adjetivo de tendencia religiosa, tal como se hizo en el registro con Simón, “el fariseo”).
Luego de lo expuesto, similarmente como hizo Lucas, Juan se puso a contarnos el relato de la unción perfumada y extrema (Juan 11:2 versus 12:3).
¿Qué les fue “extremo” o mentalmente indignante, lo que pasó allí?
Inversamente a cualquier otra posibilidad de una “extrema” unción precedente, como pueda imaginarse un lector que estudie en Lucas, Juan –clara y contrariamente- nos indica los pies perfumados del Señor; en tanto que, los otros evangelios, hablan de la cabeza siendo ungida. En aquellos tiempos, los muertos se perfumaban, de pies a cabeza… Pero, allí, ¿se contrarían unos dichos con otros?
El detalle que nos da Juan resuelve “los misterios” del encubrimiento honroso:
Se revela la razón económica esgrimida por Judas (Juan 12:5),
Se nos dice el nombre de la persona que ungió al Señor con perfume costoso (Juan 12:2)
Y, manifiestamente, otros escritos (Marcos 14:10) nos dan a suponer que Judas resolvió su conflicto interior recurrente, decidiendo –allí mismo- vender al Señor por unas monedas, dejando al grupo. (Mateo 26:14).
Juan es específico, cronológico y asertivo en lo que dice:
“Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar: ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres?” (Juan 12:4-5)
Él suplió ante los vacíos o en las ausencias de escritos con ciertos antecedentes, Juan remató a los artículos precedentes (sinópticos) aclarando lo que no se había dicho allí, de forma puntual, respetando el honor de aquellos que estaban vivos, y ameritaban una identidad encubierta, para asegurar la coexistencia y convivencia comunitaria perseguida. Juan relacionó razones, motivos y pensamientos internos, cuando los sinópticos no aportaron claves.
Aunque Lucas no dio más detalles de la persona de María Magdalena, él –livianamente- nos menciona que ella tuvo problemas con siete demonios.
¿Cómo es que no nos dijeron más detalles sobre ese acontecimiento?
¿Se glorificó Dios en ese milagro?
¿Había razones o detalles a ocultar en otro milagro de Jesús?
Juan, más extensamente que Lucas, relacionó a “María” con el resto de la comunidad de creyentes y, aunque Lucas habla de “las mujeres que servían al Señor de sus bienes” (Luc 8:2 ) Juan identifica a Jesús en una relación fraternal muy especial con una familia de Betania (Jua 11:5) y, si Lucas habla y honra a la mujer, más que los otros escritores evangélicos, Juan es relacional.
Pregunto: ¿No es curioso que no se lea de ellos al final del evangelio, el día de la crucifixión del Señor?
Betania estaba cerca de Jerusalén, a unas dos millas. (Jn 11:18)
Jesús les amaba (Juan 11:5)
¿Pagaron, con ingratitud, indiferencia y abandono, la resurrección de su hermano Lázaro?
¡Allí está la clave!
La “extremaunción” vino a consecuencia de algunas cosas:
El agradecimiento condicional de María.
La pronta partida de Jesús al cielo (Juan 11:13).
El perdón de “la pecadora”… Quizá no tanto por su secreto pasado (que no es de mi incumbencia) sino por haber tenido dudas (Juan 11:32) y…
Al momento de la resurrección, ella necesitaba estar preparada, fortalecida, para ser la primera testigo: ¿Cómo se mantendría en pie, al lado de esa cruz de Jesús, si su naturaleza fuera débil, incrédula y “llorona”?
No puedo convencer, a nadie, de que Jesús vio –en la carne- el llanto de Su propia muerte cuando Lázaro estuvo muerto, y María lo lloraba. Sin embargo, el testimonio de Juan me lo hizo entender y creer (Juan 11:33, 35-36, 38).
¿Pequeños Límites del idioma?
En Juan he hallado algunas cosas que nunca puse atención, pues, no leemos en hebreo ni en griego el evangelio de Yahshua (Jesús). Lo que leemos son versiones idiomáticas, transliteraciones y, hasta el mismo nombre verdadero de Jesús (Yahshua) nos lo pusieron en “griego”, con posibles giros, aberraciones o tendencias paganas.
Don Esposito, anciano de la Congregación de YHWH (Jerusalén) literalmente dice en la introducción que hallé en una de sus obras (Hebraic Roots Bible Notes):
“…Yahshua, which means "Yah is salvation" is changed to a Greek hybrid of Jesus, which is a poor transliteration from the Greek IE-Zeus.”
“…Yahshua, significa “Yah es salvación" y se ha cambiado al griego híbrido de Jesús, lo cual es una pobre transliteración del griego IE-Zeus.”
El encubrimiento honorable no sólo fue algo incidental, al realizarse el proceso de la traducción de la Biblia. Fue un efecto colateral y, en algunos casos, fue culpa de quienes deseaban reducir la fe de Yahshua a una “victoria” imperial de los conquistadores romanos.
No sé si alguien crea en las palabras proféticas del evangelio de Yahshua (Jesús) pero, permítaseme regalarles aquí dos versículos, para proseguir mi discurso teórico.
“Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.” (Juan 17:26)
“He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra.”
El nombre o la identidad encubierta.
No es trascendente identificar al pecador, sino al pecado que debemos evitar. No importa qué se haya hecho, sino lo que no se debe repetir y, en ese particular Juan honró la memoria de “María” pero ¿Cuál “María” de aquellas cinco?
Es inútil que yo insista en decir que, “María” (la de Betania) es la misma mujer que estuvo con Él, al momento de Su resurrección… Pero ¿no es raro que no se hable de Marta o María (de Betania) el día en que crucificaron al AMIGO y Maestro en Jerusalén, si Betania estaba tan cerca?
Puedo entender que Lázaro, encubiertamente como Jesús (Jn 11:54), también se haya escondido si le informaron que, a él, también los judíos lo querían matar (Jn 12:10).
Es intrascendente lo que yo diga si Dios indica otra cosa y –por cierto- el griego, también, nos encubrió el nombre pronunciable de YAHWEH, ya que a su vez, el hebreo antiguo, nos privó de la forma en que los hebreos escribían los sonidos vocálicos antes del arduo trabajo de los masoretas; pues, ellos no tenían las vocales que los hispanoparlantes necesitamos para saber pronunciar, cercanamente bien, el Nombre original de D-ios.
¡Je! ¡Je! Cuántos rodeos para hallarlos.
"Y ésta es la vida eterna: que Te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. (Juan 17:3)
En griego, “María” se escribe “μαρια”; sin embargo, Juan es quien finalmente nos dice que, el nombre real de “María” es Mariam “μαριαμ” (Juan 12:3), el mismo nombre de la madre de Jesús (Mateo 28:1) y no como se le solía llamar usualmente, sea por cariño, por comodidad, o por el este arte encubrimiento honorable. Además, tenemos que recordar que, ellos no hablaban, verdaderamente el griego, sino en hebreo y, como se nota en el NT, muchas oraciones indican que, las palabras, fueron traducidas de un idioma a otro, como indiqué anteriormente: “Talita cumi”, “Corbán”, “Raca”, “Abba”, entre otras. Además, también, cuando Pablo se dirigió al pueblo, defendiendo su causa, lo hizo en hebreo (Hch 22:2) y dice allí que “guardaron más silencio”. Es obvio que, en principio, todo era judío y, progresivamente, se universalizó y, el no haberlo aclarado, también, ha sido una omisión por encubrimiento y, en ese sentido, se debe al traductor, pues, en la lengua castiza, originaria de esos escritos, tal aclaratoria no era necesaria.
Saliéndome de este punto del “arte” del encubrimiento teológico, de la original procedencia de los sagrados libros, del nombre de “María”; paso a comparar una ingenua analogía de tal disimulo religioso, tal como eso de llamar “lecho” a lo que propiamente es “coito” (Heb 13:4).:
Quizá han oído eso de aquel joven quien huyó desnudo, del jardín de Getsemaní. No se nos dijo el nombre en Marcos (Mar 14:52). Similarmente, cuando leemos de las apariciones de Jesús en Juan, cerca de la barca, ya reconociendo al Señor (Yahshua), Pedro esconde su “desnudez”, y no con trapos, sino lanzándose al agua (Juan 21:7).
Juan, el discípulo que el Maestro amaba, observaba detalles que otros no delatan. ¿Qué sabemos por él de las otras “Marías”?
Lea alguna Biblia en griego, y verá esa significativa diferencia que he notado.
De internet, si quiere, descargue alguna Biblia con extensiones en griego y, si visita e-Sword (siga el hyperlink) obtendrá la descarga gratuita de la versión de su escogencia. Aquí uso varias extensiones .bblx y la del Textus Receptus (GNT-TR, GNT-TR, Etc.) entre otras.
¿Abandonó “María” (Marián “μαριαμ”) al Señor Jesús cuando Éste subiera a Jerusalén para celebrar la pascua? ¡Lo dudo! Y, de acuerdo a la aprensión general de los líderes judíos (Mat_21:46; Mar_12:12) mientras más veces Él se rodeara de gentes, sería para aquellos más complicado capturarle en el día (de allí que Judas le entregara esa aciaga noche).
Mariam Magdalena, intercambiablemente (en algunos textos) aparece como “μαρια η μαγδαληνη” o “μαριαμ η μαγδαληνη” sin embargo, parece mejor identificada en Mateo 28:1 con respecto a la otra “María” que, según leo allí, existe “la otra María” pero ¿Ambas eran Mariam? (οψε δε σαββατων τη επιφωσκουση εις μιαν σαββατων ηλθεν μαριαμ μαρια η μαγδαληνη και η αλλη μαρια θεωρησαι τον ταφον)
¡Obvio! Nadie nos dice –con certeza- la diferencia entre Mariam de Betania, respecto a la “María” Magdalena (Jua 20:16) ¿Dónde estaría lo honorable, y el fruto de aquel esfuerzo? Ella es la clase de mujer que no dejó de seguir al líder y Maestro. Se mantuvo cerca de Él una vez que fue sanada (perdonada) y restaurada a la dignidad de la justicia y, si tal confirmación fuera insignificante (o indispensable saber) ¿Para qué Lucas nos dio el dato (Luc 8:2)?
Tan intrascendente es ello que, allí mismo, Jesús (Yahshua) nos dice ¡en el mismo capítulo!
“A ustedes se les ha concedido que conozcan los secretos del reino de Dios…” (Lucas 8:10) ¿Lo dicho, allí, es coincidencial o algo deliberado?
Si ello no fuera voluntario, premeditado –en el Espíritu de Dios- puedo darle más crédito a este tipo de “azar”, como cuando Juan –en un repentino insight retrospectivo- dijo que “la otra María” en el sepulcro (Mateo 28:1) era la misma “María” que perfumó a Yahshua, enjugando Sus pies con femeninos cabellos (Juan 11:2)
¡Comparen notas! (Y soy de los que no da crédito a tradiciones católicas)
Lucas (Luc 7:38; Luc 7:44) y Juan (Jua 11:2; Jua 12:3) coinciden en eso de los pies y cabellos de Mariam. El fariseo Simón quería conocer (y homenajear) a Yahshua en su casa ¿No habría querido invitar a comer a Lázaro, también? ¡Eso fue en Betania! Y, en los pueblitos, ese tipo de noticias caminan más rápido (Juan 12:12-13); de allí que “la pecadora” llegara súbitamente. (Jn 12:1; Lc 7:37).
Un punto importante en este enredo de nombres (deliberado y no) se debe a la liviandad con la que –al parecer- esta gente se manejaba con motes o sobrenombres. Simón fue llamado “Piedra”. Saulo pasó a “Pablo” y, como podemos inferir de la lectura del N.T. (Nuevo Testamento) más de una vez leemos palabras que tienen que ver con la lengua hebrea-aramea, tales como “Corbán” (Mar 7:11); “Talita cumi” (Mar 5:41); “Emmanuel” (Mat 1:23); “Gólgota” (Mar 15:22); “Abba” (Mar 14:36)… Etc.
Y, cuando aparecen dispersas por allí, se nos dice: “…que traducido es…”. Ello, por extensión, nos hace inferir que el Nuevo Testamento no fue necesariamente escrito (primero) en griego. ¿Para qué diría, Jesús, a una niña (en arameo) “Levántate…” si ambos verdaderamente no hablasen la misma lengua vernácula y castiza? (Mr 5:41; Lc 8:54)
¡Se dan cuenta? Marcos, el primer evangelio publicado (en griego) da evidencias internas de que, primero, circulaba –por allí- en hebreo, luego en griego.
Igual sucedía con Pablo, el políglota: “…¿Hablas griego?” (Hechos 21:37) Y, además, de sí mismo, dijo, sin modestia: “Doy gracias a Dios porque hablo en lenguas más que todos ustedes...” (1Cort 14:18). Su carta a los romanos ¿Fue escrita en griego o en latín? Pues, aunque la lengua vernácula de la zona israelita era la hebrea, la de mayor difusión y alcance, era el griego “comercial”, como lo es hoy, el inglés.
¡Ja! Ja!
Y, por ello, en Israel, crucificaron a Yahshua con un cartel multilingüe. (Lucas 23:38) ya que allá, no sólo se hablaba en un idioma local y, durante la fiesta de la pascua, iban a esa lugar cientos de peregrinos y, por ello, el día de Pentecostés (Hch 2:4) los discípulos hablaron en “lenguas”, no en lenguas angelicales, por cierto (Hch 2:8-11)
Si el griego que tenemos en las copias “actuales” fuera literalmente fiel a las primeras copias hebreas, una comparación al vuelo, nos mostraría la letra “μ” que faltaría a cualquiera de las “Mariam” y, por ello, por la memoria de sus actos (sus leales afectos) se la diferenció dentro del grupo de las Marías, no por encubrir el relato de los siete demonios, ni el prejuicio “oculto” de alguien que la refería por “pecadora”, o -quizá- reconocida por ser de Magdala ¿De dónde era Lázaro o Marta? Esa misma distinción zonal no se hizo -exactamente- con los otros Santiagos o Jacobos que leemos en esos relatos (Mat 13:55; Mat 10:2-3; Mar 1:29; Mar 3:17-18; Mar 6:3; Mar 15:40; etc.)..
“Muchas mujeres hicieron el bien; mas tú sobrepasas a todas.” (Prov 31:29)
Sin duda, al menos para mí, quienquiera haya sido esa María (μαριαμ) representa a la lealtad, la belleza del amor y el darse a sí mismos, de una forma notoria y cercana a la incondicionalidad, ya que no tuvo reparo a prejuicios ajenos o en hallarse al descubierto, frente a una forma no tan ingenua de sensualidad, en un acto que pudiera verse como a un escándalo público (tal cual pasó, en efecto, entre los apóstoles y presentes).
¿Me indignaría yo, si me hicieran lo mismo? Lo dudo. Me fascina grandemente esa María Magdalena de Betania (Lc 10:39). Si eso pasó allí o allá (Betania), si hubo algo más allá de lo sensual (o visualmente erótico) a mí no me importa (ni me incumbe), excepto la ridiculez religiosa de decir que Jesús no era hombre con hormonas o, que de una forma asexual, el Señor no sentiría algo particular al respecto. ¡Desde luego! Jesucristo no era de sensualidad carnal, pero -todo eso que recibía- eran caricias, perfume de amor.
¿No las sintió?
PS
“¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano.” (Mat 7:5)
Señalar al pecador junto al pecado es juzgar para condenar indefinidamente. El argumento que tengo para que no sepamos exactamente el pueblo de Simón es para no ligarlo con el pasado sexual de María Magdalena y/o su relación amorosa con Jesús. La única razón escritural que hallo [fuera de honrar Mat 7:5] para que Jesucristo no se hubiera casado con Marián Magdalena, o la pecadora que vio Simón el Leproso, se debe a que Jesús vino a cumplir la ley y, de casarse, debía ser con una virgen, en atención a su rol sacerdotal (del orden de Melquisedec) y no podía hacerlo con una repudiada ni prostituta (Lev. 21:7, 13-14) Por otro lado, también, una cita bíblica dice: “…quién contará Su descendencia” (Isa. 53:8b) De modo que hay varios argumentos escriturales que contradicen aquella razonable posibilidad (Salmos 110:4; I Cort. 6:13, 18). Sin embargo, ello no impide que se hayan amado y correspondido particularmente: “…El amor cubrirá multitud de pecados” (1 Pedro 4:8)
Simón el Leproso, bien pudo haber sido aquel que Jesús sanó y limpió en Mar 1:41. Nótese que, por algo de la falible naturaleza sicológica humana, ese Simón era algo lenguaraz (Mar 1:45) o era muy “espontáneo” en decir lo que tenía en mente. Eso que Jesús le prohibió decir QUIÉN lo había sanado y, al momento, eso fue lo primero que hizo: Denunciar o Anunciar el milagro de su sanidad corporal.
Hay otro detalle muy conspicuo encubierto, en relación a indicar ciertos lugares o referentes. Si ese Simón leproso es el mismo sujeto mencionado en Lucas 5:12, del cual no se dice de qué pueblo era, podemos tener la sospecha de que se disimulaba algo, no por soslayada omisión de Mat 8:1. Pero la situación contextual del relato nos confirma que fue el mismo Simón, curado de lepra. El mapa de Galilea nos muestra que Capernaum estaba muy cerca de Caná y de Magdala. Si Jesús “Nazareno”, en su niñez, viajaba mucho por ese periplo de Nazareth/Capernaum a Caná, quizá, Mariam Magdalena le fuere conocida.. Aunque desconocemos, igualmente, cómo fue que Lázaro (el resucitado de Jn 11:39, 44) y sus hermanas vivieron tan cerca de Jerusalén (3 Km) cómo es que fueron tan amigos o cómo se conocieron afectuosamente; no obstante, Lucas 10:38 nos dice cómo Marta, la afanosa, invitó a Jesús a su casa. Tampoco sabemos los nombres de los padres de Lázaro ni cómo Jesús llegó a intimar tanto con María… ¿Magdalena?
Sea quien haya sido Marian/María (Lucas 8:2; Jn 19:25, 20:18) era alguien muy afín e íntima; pero sólo sabemos que ella se tendía a Sus pies en Betania, y lo escuchaba con más atención que la que Marta sentía por servir las mesas (Luc 10:39).
Si yo muriera hoy y volviera a la vida ¿a quién me aparecería primero?
A.T.
Agosto 2016 (Hopeland)
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