Parte Cuatro. (12/12/2016)
¡Hmm! No olvidaré aquella bonita frase que se me ocurrió… He de
transcribirla acá, antes que la olvide por corolario:
“No es
difícil creer cuando se ignora la verdad que tu experiencia refuta.”
(A. Toro)
(22/11/2016)
La
Apostasía
El profeta Jeremías escribió: “Maldito
el hombre que confía en el hombre… y su corazón se aparta de
Jehová.” (Jer. 17:5) ¿Lo dice Dios o un reformador de
la fe? ¡Vaya! Ambos segmentos de esta frase hablan de apostatar: Una
apartándose de Dios; la otra, negando el amor filial, renegando del
ápice de fe que pudiera expresar por cualquier miembro de la
humanidad. ¿Cómo conozco a Dios si maldigo a Su última criatura?
(porque hay más animales)
¿Debe traicionar el hombre lo que intrínsecamente ha conocido
-social y psicológicamente- como parte de su experiencia de vida?
Es cierto que no debo confiar totalmente en mis juicios (y menos en
las palabras de ajenos que no conozco personal ni plenamente) pero
¿Debo olvidar experiencias previas -buenas y malas- y
obviarlas por lo incómodo de ciertas circunstancias aciagas que me
desfavorecen? ¿Cómo sé yo que estoy confiando bien en Dios
cuando me subo a un avión cuyo mantenimiento lo hacen exclusivamente
los hombres, y no el Altísimo personalmente? ¡Hmm! ¿Me aparto de
la buena fe (en
los hombres) cuando insisto -diligentemente- en hablar con el
mecánico de la aeronave para certificar que sí, en efecto, realizó
una completa revisión del avión que voy a abordar? Sería paranoico
vivir así. Nadie permitiría que –un obsesivo de la seguridad- se
acercara al personal técnico de una aerolínea para hacer ese tipo
de investigaciones: Vivimos en un mundo donde, unos y otros,
necesitamos confiar, y ello no nos maldice, aunque estemos
apartados de Dios. Yo no debo abandonar la universidad porque todos
allí no crean la teoría Creacionista y, tampoco, debo volverme un
apóstata de sus doctrinas académicas, por el simple hecho de que
ellos crean en la Evolución y yo piense distinto.
Hace más de 30 años entré al cuarto de un profesor universitario
y, para sorpresa de mis ojos, en su closet, descubrí que él
conservaba sus títulos académicos tirados en el suelo, como si
fueran viejos zapatos y, la verdad, en un modo lo son, porque sirven
para caminar en la vida económica, para hallar un empleo y, por otro
lado, para aprender de nuestras experiencias y DEL CONOCIMIENTO
AJENO. Si yo leo y estudio un libro, si me enseña otra u otro, en
más de un aspecto, estoy confiando en lo que me enseñan con sus
palabras, sus ejemplos, sus consejos ¿soy maldito por confiar a
quien me da su guía o su mano? Y, al hacerlo ¿de qué modo me alejo
de Dios si no lo veo ni lo oigo? ¡Ah! Pero, quien quiera que diga
“maldito el que confía en el
hombre…” ¿No es hombre o mujer también? ¡A ese sí
le debo creer? ¡Pamplinas! La biblia fue escrita y publicada por
hombres y para hombres. El día que comience a OÍR la voz de
Dios, el día que todos comencemos a
escucharle con los oídos y con el corazón… ¡Todo
cambiará! (y es mi deseo que todo nuestro mundo cambie para un bien
superior, y colectivo)
Estoy observando una percepción distinta de cosas (religiosas) y, lo
que conocí de ellas con la escuela de la tendencia helenista/romana
–no judía- me está haciendo sentir que fui engañado o manipulado
como todo católico y, sin embargo, sigo teniendo algo de confianza
en la biblia, aunque ya no la escribo con mayúsculas.
Para determinar qué consuelo nos suple leer todo un libro religioso
(como el de Jeremías) quizá, convenga saltar a lo que supuestamente
dijo el Señor Jesús sobre la fe que mueve montañas (no lo
vi mover ninguna)
¿Caminó Pedro sobre las aguas? (Mat 14:29) ¿Dudó el pescador
-como lo asegura Jesús- o más bien falló Él (Mateo 14:31) ante
la aprensión confusa de quien antes no había hecho tal cosa, ni en
sueños? ¡Vaya duda razonable la de Pedro!
¿Cuántas montañas -e higueras- secaron los discípulos? (Mat
21:21)
“¿Hallará fe el Hijo del hombre
cuando vuelva?” (Luc. 18:8) ¡De Dios depende!
(también).
No tengo formas de atinar a lo que el Señor Jesús haya hablado en
privado con Sus asistentes, no sé qué les enseñó –y no se
publicó- y menos sé de lo que haya adiestrado a Sus tres
predilectos en secreto pero, en cuestión de apegos y predilecciones
-a la final- creo que Dios no manda, y soy de la opinión que ni
el amor ni el amistad se ruegan. Sin embargo, ¿Quién ha
secado el pétalo de una flor por desalentarse, tras varios intentos
fallidos?
Los
afectos debían ser recíprocos o constantes.
De dondequiera venga, el amor aspira –tácitamente- a la
reciprocidad, complementariedad mutua. Nadie que no esté enteramente
contento en una relación, sea la que sea, permanecerá tranquilo
hasta no subir otro escalón o piso. Si tú me das lo que yo esperaba
o buscaba, si yo te retribuyo con lo que anhelas en tus expectativas,
puede decirse que andamos o seguiremos juntos por un buen tiempo y,
dentro de cualquier relación o vínculo, cuando no hay esa llenura,
cualquiera de las partes irá a otra situación o contingencia, sea
en el trabajo, sea entre amantes e, incluso, en materias de fe o
creencias.
No es raro que, en materias de política o religión, cuando una de
las partes (o ambas) están insatisfechas, hay rupturas, separaciones
como divorcios, y se emigra a otra situación de concordancia
tendiente a la reciprocidad: El catolicismo ni el cristianismo
protestante llenaron mis expectativas viscerales o personales.
Puede que el rey Saúl haya seguido buscando a Dios por adicción y
dependencia religiosa (1Sam 9:18; 1Sam 28:6) a través de una
espiritista (1Sam 28:7; 1Sa_28:15). ¿No es conspicuo todo eso?
Alguien que tuvo acceso mediatizado a Dios –si es que puedo confiar
a lo que dice la Escritura- dice que perdió tal privilegio: “Dios
se ha apartado de mí, y no me responde más, ni por medio de
profetas ni por sueños…” Yo no sé buscarlo, sino de
esta forma en que recrimino ¡También lo hago por la humanidad que
no le oye ni le ve! Jamás usaría el espirismo como medio
“alternativo” porque no
lo es (Deut 18:10) y jamás lo intentaría. Mucho menos –con la
idea sensata- de no conocer el tierno aliento del timbre de Su voz
ecoica, temible (Deut 10:17) y desconocida, si no sé oírlo.
Deduzco, en virtud a lo que entiendo de lo leído en la biblia, que
necesito de mediación sacerdotal para llegar a Él (no sólo
por oficio de hombres, sino –también- por la mediación de la fe
en Jesús de Nazaret). ¡Ok! Está bien, siempre que eso no
signifique que deba creer que Cristo es Dios, también. ¿Lo es? ¡No
lo creo! Y, todo el A.T. (y N.T.) me dice que sólo hay un DIOS
y no hay otro fuera de Él
(Éxo 9:14; Deut 4:35, 39; Deut 6:4; Juan 17:3; Mar 12:32; Rom 3:30;
Stg 2:19)
El dios bíblico no es visualmente accesible ni verificablemente
omnipresente u omnisciente. Estoy aquí y ¡No me lee! (pese a lo que
otros y otras digan).
El relato bíblico cuenta que Moisés sí vio “la
gloria de Dios” (Éxo 34:6) y, mientas ésta iba pasando
ante esos ojos, Moisés declaró con su boca –de iniciativa
propia- estas palabras (insertas varias veces luego, en algún
otro momento) en el contexto mismo de la amplificación de Los 10
Mandamientos (y son más de 600
mandamientos) no sólo son los incumplidos diez: “…que
guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión
y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado;
que visita la iniquidad de
los padres sobre los hijos
y sobre los hijos de los hijos, hasta
la tercera y cuarta generación.”(Éxo 34:7)
[Compárese con Éxo. 20:5 y Deut.
5:9].
Esa misma tónica exagerada –que refleja parcialidad y
favoritismo- se repite en media docena de versículos a lo largo del
Pentateuco, tal como lo demuestro en éste, que reproduzco:
“Reconoce, pues, que el SEÑOR tu
Dios es Dios, el Dios fiel, que guarda Su pacto y
Su misericordia hasta mil generaciones con aquéllos que Lo aman y
guardan Sus mandamientos.” (Deut. 7:9). Sin embargo, esa
parcialidad fue abrogada -subsecuentemente- por los compiladores y
transcriptores bíblicos en un par de libros (Ezequiel 18:2-20 y
Jeremías 31:29-30) diciendo: “Los
padres no morirán por los hijos, ni los hijos por los padres;
cada uno morirá por
su pecado.” (Deut 24:16) y “Yo
raeré de mi libro al que peque contra mí” (Éxo 32:33)
¡Lo que sí tiene peso de justicia imparcial textual! Y, la
alteración de eso, demuestra la inserción
de interpolaciones, bien sean del autor original
(autores anónimos) o de los sucesivos revisores de la obra
escritural, pero, paradójicamente y repugnantemente contradictorio,
me resulta leer que, cuando el arca del Pacto amagó caerse al suelo,
ese Dios que dice “salvar vidas por amor de Su nombre”
(Salmos 106:8) por mil generaciones o “ser amoroso y
misericordioso” (Éxo 22:27; Deut. 4:31) resultó vehemente e
incongruentemente airado porque unas manos de hombre, insulsamente
bien intencionadas, intentaron detener la posible caída del arca
al suelo, y ese hombre atento a un riesgo, resultó muerto al ser
herido por ese “dios” que no tiene control de Sus
irascibles reacciones (como tampoco nosotros, que
matamos y pecamos con impulsiva violencia): “Pero
cuando llegaron a la era de Nacón, Uza extendió la mano hacia el
arca de Dios, y la sostuvo porque los
bueyes casi la volcaron. Y se
encendió la ira del SEÑOR contra Uza, y
Dios lo hirió allí por
su irreverencia; y allí
murió junto al arca de Dios.” (2 Samuel 6:6-7). ¿Qué
tan atrevido e irreverente es tratar de “proteger un cofre
chapado en oro” que no era un ídolo estatuario? ¿No juzga
Dios retribuyendo las secretas intenciones del corazón del hombre?
¡Dudo que Uza subestimase a Dios! (Pero no era “dios” lo
que cargaban los bueyes, sino un relato inconsistente de quien
esperamos el BIEN supremo). ¿Qué sería de Aquel
que Moisés ensalzó diciendo: “¡Jehová!
¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo
para la ira, y grande en
misericordia…”? (Éxo 34:6) Y es allí donde comprendo
que, mucho en el Pentateuco, es obra de hombre, y no –necesariamente-
una inspiración textual de Dios (si es que alguna vez se dejó ver u
oír, para platicar con los humanos).
A mi modo de ver, tal contradicción –psicológica y no
teológica- entre “amar” y “castigar” como
merecida gratificación de acciones (no de pensamientos) es
irreconciliable: Quien ame a su padre o a su amigo no será
abofeteado si –aquel- es tratado de ayudar en un momento de
tropiezo. ¡Obviamente! Esa clase de relatos fraguados sólo apuntala
privilegios de una jerarquía, al estrado “exclusivo”
usufructuado por sacerdotes y levitas -¡toda esa clase
clerical!- que querría hacerse “ver” especial ante el pueblo que
subyugan, por medio de esta clase de instrumentos de dominación y
manipulación religiosa. ¿Es así, de veras, Dios? Cuando menos,
David –también- se enojó (2 Samuel 6:8). ¡Yo no amaría un dios
así! (pero ese relato debe ser inventado).
No intento ni necesito ver a Dios –no me es necesario- pero sí
le he buscado (como Le recrimino –ahora- con estos escritos) que he
intentado oírle muchas veces, y no le oigo.
Él no es tangible, porque es Espíritu (quizá demasiado Santo para
mí) y, al mismo tiempo, no es abiertamente dialéctico con el
aliento que necesitamos todos (¿pero sí lo es con “algunos” que
Él haya escogido?) y, siendo reprocesado Su mensaje escritural
original (si lo hubo) hecho inexacto por la subjetividad de quienes
lo compilaron o reprodujeron –ya comenté la
parcialidad que ensalzó Moisés en Éxo 34:6- lo que
“Su libro” dice (entre
otros mensajes no genuinos) me causa una infructuosa duda de
lustros, y por ello me retiro de la fe cristiana –que me
amenaza con un infierno eterno (Jn 3:18) si no la creo ciegamente-
y procedo a buscar a un Dios más personal y accesible. Pues,
si he amar algo “con todo el
corazón, con todas mis fuerzas y con mi alma y MI MENTE”
(Marcos 12:30 y Deut. 6:5) ¿Para qué usar las fuerzas de la
mente, si lo busco y no Lo hay? (O no sé hallarlo).
En un apasionante escrito de Jeremías hallo a Alguien
quien dice que sí Lo hay, pero llamando a Su pueblo escogido:
“Si has de volver, oh Israel, -declara
el SEÑOR- vuélvete a Mí. Si quitas de Mi presencia tus
abominaciones, y no vacilas, y juras: 'Vive
el SEÑOR' En verdad, en
juicio y en justicia, Entonces en
Él serán bendecidas las naciones,
Y en Él se gloriarán.”
(Jer 4:1-2)
Pero yo no soy Israel, ni israelita... Y, tal parece, para ser
bendecido, es necesario que Israel vuelva primero. ¡Vuelve Israel!
Tu bendición bendice a otros pueblos, aunque seamos poco gentiles.
¿Cómo no iba a querer arriesgarse a ser reo de la Inquisición
(y enemigo de Roma) más de un traductor que dominase el Latín y el
Hebreo, al descubrir semejantes cosas en un libro empolvado que no
tuvo antes otra nación? Ser excomulgado por la iglesia Católica
era nada comparado a descubrir a ese Dios misterioso que se esconde
en letras, en finas narraciones que dan aliento,
entremezclándose con historias de una etnia lejana a Occidente y, al
mismos tiempo, separados de Su presencia física real.
Analogías del
mismo derrotero.
He tenido que consultar un par de libros. No sé qué brújula usar
para hallar a Aquel que puede cambiar toda mi vida (y la tuya)
de forma definitiva y, leyendo un escrito de la prof. Laura H. Wild
(B.A., B.D.) “English
Translations of the Bible”, éste me llevó a un escrito del
Prof. Frederick Carl Eiselen (Ph.
D., D.D., LL.D.) “The Pentateuch –Its origin and
Development” (Ellos, también, han visto las discrepancias
transmitidas de enésima mano y buscan la verdad, aún
lidiando con ellas). ¿Qué ha dado a origen a las sectas y a las
“herejías” que hacen apostatar? La invención de dogmas y
doctrinas, donde antes no las había. (Inútil es nombrar la lista de
las inquisitivas divisiones que ha causado la
iglesia Católica con sus estériles concilios y repetidas
excomuniones).
¿Salva la gente que va a las congregaciones, o Dios?
¿La verdad la tienen los siervos que dicen obedecer, o Dios?
¿Es Dios poseedor de Sus verdades o quienes dicen tener la mayoría
de creyentes en sus iglesias y la fe correcta?
Sigo insistiendo que, bueno sería al mundo la manifestación
directa, personal e individualizada de Dios en cada ser antes de
volcar Su santa ira: Su revelación y manifestación personal es
vital y necesaria y, en Su defecto (Su distante ausencia) la
gente Le busca a tientas, por testimonio de segunda o de enésima
mano y, de allí, que recurra a otra forma de cultos o experiencias
religiosas (como aquella mujer que se vuelve infiel, acostándose con
un hombre que no es su legítimo esposo). ¡Santo Dios! Lee estos
argumentos. La infidelidad de
muchos, el que otros tantos te dejen, también se debe a tu distante
y tangible ausencia… “Pero
como la esposa infiel
abandona a su compañero, así
incumplisteis contra mí, oh casa de Israel, dice Jehová. Voz fue
oída sobre las alturas, llanto de los ruegos de los hijos de Israel;
porque han torcido Su
camino, de Jehová su Dios
se han olvidado.”(Jer 3:20-21)
Mientras escribo en papel, sobre una tabla de madera, sólo tengo el
recurso de la idea, el impulso original que pensé debía
escribir, sin más mecánica mediación que la tinta y la fuerza de
mi mano. Cuando uso mi computadora, compulsiva y necesariamente,
tengo la facultad y comodidad de revisar no sólo el presente escrito
que transcribo ahora, sino el resultado de los que precedieron,
página por página, sucesivamente y, al hacerlo, puedo omitir
palabras, discordancias, agregar adjetivos, revisar mi estilo,
cambiar palabras por sinónimos, corregir errores de escritura o un
equívoco de significados que -cuando escribo mi original en papel-
no dedico tanto tiempo a su estudio ni cuidado a detalles
estéticos pero, si me conectara a internet -¡es un fenómeno
que he observado y describo ahora!- yo podría consultar la obra de
otros autores, podría añadir aquí ese material suplementario, esos
hipervínculos útiles, más referencias y, tras leer a los autores
arriba mencionados –a la prof. Laura y al prof. Eiselen- comprendo
que, en parte, algo muy similar sucedió con la Biblia, aunque
-deliberada- y bien intencionadamente quizá, se hayan añadido
porciones ajenas (obras externas) con piezas literarias, versiones
poéticas de otras fuentes, partes con narrativas históricas, líneas
interpoladas reorganizadas (repetidas algunas) para completar,
cumplimentar y avalar, lo que se pensó debía ser Perfecto
(dejando de serlo, desde iniciada la modificación primaria de su
original comienzo). ¿Me di a entender? (como decía mi papá).
La biblia pasó de lo autográfico, de lo originario, a una obra
colectiva, sucesiva y progresiva y, quien lea a esos autores,
confirmará la misma opinión y puedo imaginar lo que dirán los
fanáticos de la religión, cuya teosofía cree a ciegas, con poca o
nula experiencia personal y tengo un amigo que dice que la Biblia se
obedece y se cree sin remilgos… ¡Lo dudo! Y Ella misma, en la
evidencia interna del A.T. y N.T., mostraba manifestación de
señales que avalaban los escritos o los dichos de sus profetas: Los
ángeles que fueron a visitar Sodoma para destruirla, mostraron
señales en la casa de Lot; los que profetizaban -lo bueno o lo malo-
mostraron de qué lado estaba Dios con ellos; los que escribieron los
eventos que sucederían en la vida de Cristo o en los tiempos
nuestros, exhibieron la gloria de Quien les pedía hablaran o
escribieran para nosotros… ¿Se acortó el brazo de Dios? ¿Se ha
entumecido Su pródiga mano? Todavía lo dudo y, está demostrado
literaria y científicamente que, la Biblia es –también- palabra
(logos) del testimonio de hombres que Le oyeron, e importa
mucho la manifestación del Rhema de la Palabra de Dios,
en Ella.

Página titular de la traducción de la Biblia King James, impresa en
1611.
He aquí, un esquema de cómo tenemos nuestras versiones castellanas
de la Biblia:
Es obvio entender y suponer que, las sucesivas revisiones vinieron a
consecuencia de la actualización del lenguaje vernáculo en uso, de
posibles errores de interpretación textual, tras verificación de
sesgos e inclinaciones denominacionales y personales de compiladores
o revisionistas (no eran todas aquellas trabajos de traducción
grupales libres de la PERSECUCIÓN de la
Iglesia Inquisidora, sino obras clandestinas
individuales, casi monásticas) y, que para acercarse al mensaje de
los textos “originales” la investigación y la búsqueda de la
verdad de investigadores trajo nuevos conocimientos de la lengua
original y descubrimientos arqueológicos que nos ayudan a tocar
–sustancialmente- la esencia del primario origen Escritural.
El
anhelo del Ausente (o distante)
Aunque no soy apasionado lector de lo literario o sacro –ni de
ninguna cosa- la clasificación de Delitzsch me llevó a
copiar este subtítulo por la forma como él subdivide el
anhelo de la esposa por su esposo ausente (Cantar de
los Cantares 5:2—6:9) ¡Bravo! Así es, no está visible ni
audiblemente cerca, y soy terco para no comparar por analogías
bíblicas:
“Y tras su hablar salió mi alma.
Lo busqué, y no lo hallé;
Lo llamé, y no me respondió.”
(Cantares 5:6)
Pese a sentir la indeseable ausencia
del Buscado, no quiero dejar pasar la oportunidad de echar de
ver este pequeño error de traducción o interpretación
porque, según entiendo, el rubio no tiene el cabello negro,
pero, acá la Reina-Valera así lo transcribe y expresa:
“Mi amado es blanco y rubio,
señalado entre diez mil. Su cabeza
como oro
finísimo; sus
cabellos crespos, negros
como el cuervo.” (Cnt 5:10-11)
Normalmente uno lee, sin discriminar ni procesar lo que el papel
dice, y estoy aprendiendo a tener cuidado de lo que los eruditos
observan: Contradicciones como éstas: “Rubio...
como oro”
versus “negros
como el cuervo”. Eso no
es paralelismo poético,
sino una anfibología (estoy aprendiendo) ;)
De fragmentos –incompletos y mutilados- como éste (abajo) se
reconstruyó lo que tenemos -hoy- por una biblia completa:

Papiro Nash, del II a. de C. (c. 150) con los 10 mandamientos.
(Cortesía del archivo de la
Enciclopedia Judaica, Jerusalén)
De estas letras semíticas (abajo) la mano de un indeterminado número
de hombres, transcribieron las Escrituras, hasta hoy.
De Davoes-Mitchel, Student´s Hebrew Lexicon.
Pero nada de esto me señala -o indica- dónde me entrevisto con el
Creador. Todo apunta a las excelencias de ese ser Superior que las
palabras aplauden, alaban, ensalzan y adoran (o traicionan) pero nada
me enseña cómo encaminarme a un personal encuentro, como tampoco la
multitud que Lo anota en sus especulaciones teosóficas conoce el
camino del re-encuentro personal, directo y verdadero. ¿Es
Jesús, sin Jesús? (Juan 14:6).
Look at me, God!
Turn Your face down here!
And see the faces of the people who feel this
missed.
Si Él es quien dice ser, no tiene caso hablar de Sus excelencias,
sino de Su ausencia, de nuestras miserias o necesidades humanas o
¿Sólo de la mías?
Enojo o celo
intervencionista.
Paradójicamente, también, luego de 400 de distante silencio, aún
cuando “predijo” a Abram que su
descendencia serviría a otra nación y saldría librada con bienes
(Gén 15:13-14) luego mostró Su intervencionismo tardío. ¿Cómo no
se iban a alejar de Él? ¡Una relación vinculante
no se mantiene en las distancias ni en las ausencias! Este burro (Éxo
13:13, Éxo 23:5; Deut 2:4) de orejas cortas, sabe que el
amor ni la amistad han de mendigarse y, en mi caso, opté
por humillarme y publicar mis sentimientos con palabras sinceras
–recriminantes- pues, en “nombre de Dios” se han cometido
crímenes, abusos menores y, Su propio Hijo, guardó silencio
cuando pudo hablar (Juan 19:10-11; Isa. 53:7). Si tu celo te consume,
esa falsa mudez Tuya me causa sentimientos que tropiezan; pero “Bueno
es esperar en silencio la salvación de Jehová.” (Lam.
3:26).
No dejaste que Caín fuera muerto y pusiste señal, sobre él, para
que no lo mataran (no para protegerlo) sino para que sufriera la pena
de estar excomulgado y rechazado de tu divina presencia (Gén 4:15)
¡Eso lo sé! Porque así me siento desde hace mucho. Caín sufrió
la pena de labrar la tierra en barbarie que se volvía súbitamente
estéril, como infecundas son ahora mis palabras. Se hizo reo
peregrino de esa improductividad -sin frutos- del constante
destierro… ¡Dios! No impongas esa pena sobre mí, ni sobre nadie
más. ¿Acaso no sé que el Altísimo no habita en casas ni en
tiendas? (Isa 66:1) ¿Que los sacrificios no te han agradado, sino la
misericordia y el reconocimiento de Quién Tú Eres?
(Oseas 6:6) ¡Dios oye! Y VIVE por siempre, como se puede
inferirse de Su justo celo (Deut. 4:28) más sus oídos están
prestos a quienes a Él agradan: “Los
ojos de Jehová están sobre los justos,
Y atentos sus oídos al clamor de ellos.” (Salmos
34:15).
¡Sí! Sé que te mostrarás cuando te agrade o llegue ese tiempo
(Isa 66:5)
En búsqueda de la verdad –de enésima mano- tu Palabra ha
sido escondida para vergüenza y confusión de los que te hemos
aborrecido: ¡Maldije tu Nombre!... ¡Tantas veces!
(¡Perdón! ¡Perdón! y perdón)
Aquellos sacrificios “propiciatorios” del A.T., en efecto, eran
una especie de soborno sustitutivo del que sí debía
realmente morir, en lugar del animal sacrificado. Nunca fueron un
pago, sino la dilación de un castigo postergado y todavía
pendiente, porque toda la plenitud de la tierra es Tuya (Éxo. 13:2,
13; Deut. 15:19; Éxo. 19:5) y un reo de castigo inmediato no puede
darte algo mejor que su propia vida: “Cada uno morirá por su
propio pecado” (Dt 24:16; 2 Reyes 14:6; 2 Crón. 25:4).
El sacrificio no es un indulto y -con razón- el mundo marcha así,
como si no tuviéramos deudas pendientes de pago mortal ¡Con razón!
Unos y otros nos padecemos y nos parecemos… ¡Igual de
transgresores!
Soborno
Perentorio
Dios no pudo haber acordado con los hombres un soborno dilatorio,
simplemente, sabiendo que no teníamos nada de valor con qué
pagarle, usó recursos de Su misericordia para no terminar de
destruirnos a todos (y lo vamos haciendo nosotros mismos).
Hacemos confesión de boca -pero- nuestros labios, de corazón
maldicen. La ley fue más invento de hombre que de Dios y, el
precedente estuvo en Abel, que ofreció sus ovejas (Gén 4:4-5) y
Caín tuvo envidia, porque su hermano halló gracia divina. ¿Envidio
a los que te vieron u oyeron? No es eso lo que busco comprender, en
este legado de una fe venida de enésima
mano… Aunque no veo el beneficio de creer a lo que me
presenta dudas o tropiezos.
Jamás necesitaste comer de los holocaustos y, en todo caso, de allí
se servían los sacerdotes y tu pueblo. ¿He de judaizarme para hacer
la paz contigo? ¡Te confieso que lo he pensado!... Jesús fue judío,
no cristiano.
Bueno sería oír tu susurro al oído. Tu palabra misericordiosa
mejor es que la miel, más dulce que el dátil de Oriente. ¡Háblame!
Así sea en un solo sueño; sin intermediario, sin intérprete, y
claramente.
“Dios estaba
en Cristo” (2
Cort. 5:19)
Prefiero aplacar tu ira, y ser sanado
en “salud”
Sólo envíame la luz, que por entender
padezco,
Y sin fuerzas desfallezco, y sin ti no
hubo luz.
¡Te mataron en la cruz! cuando a tu
hijo crucificaron;
Le escupieron en el rostro, como a ti
mismo hicimos,
Y al hacer lo que quisimos, rompiste
aquel velo,
Cayendo sangre al suelo, a tu Hijo
abandonaste,
Y no lejos te marchaste, cuando a tu
Hijo escupimos.
Eras Tú Uno con Él, como Él Uno en
ti;
Más yo nunca Te vi, como Aquel que
merecías,
Mas fue tu amor un día, clavado en una
cruz,
Y así quedó Su luz, con la sangre del
Mesías.
Aquel quien fue Tu Templo, vivísimo
baluarte,
Murió de tanto amarte, con el salmo en
Sus labios (Salmo 22)
En aquel viejo resabio: “Pase
de mí esta copa…”
De allí la pieza rota: Saliste
de tu Hijo…
Necesaria
insistencia.
Prefiero que, antes del necesario final del tiempo de los paganos
(gentiles) te manifiestes –como quieras y cuando quieras- para
asistirnos en esa transición que debería ser instantánea: Yo solo
no doy esos frutos. No tengo los frutos de tu Santo Espíritu y sigo
teniendo pensamientos carnales, humanos y pecaminosos (por fortuna,
ya me considero viejo y niego de mí mismo).
Desearía una experiencia religiosa que me convenciera tanto
como aquellos que no temieron la fiereza de leones, ni la
incertidumbre del tránsito lento por los pasillos de la muerte a la
verdadera vida. Ya no argumentaré y guardaré silencio ante el
escrito de mis argumentos y, por más ruido que haga, no seré
correspondido: Conocerte es un regalo, no una obligación.
Ya no te culparé –ni recriminaré- del modo que pensé cuando me
pareció que tu mano era lenta para castigar a los que actúan peor
que yo… ¡No soy mejor que ellos! (pero tampoco peor).
Quemaré mis notas, destruiré esos comentarios (Tú los sabes) pero
ayúdame a transitar hacia el camino de la Reconciliación.
Me ha gustado mucho ver que, cuando menos, muchos te han oído en
sueños ¡No les envidio! Ni codicio lo que les diste: Soy lo que soy
debido a lo que me permitiste ser: ¡Gracias, Padre Eterno! Sin
embargo, a objeto de estudios, es posible haga revisiones a lo que
parece Escritural (porque no todo –allí- vino de ti).
Tú hiciste pacto con los que escogiste. Yo no pido pactar, sino ser
dirigido a lo que debo hacer: Me pongo en sumisión y abandono mi
rebelión, pero, hasta tanto no te oiga, ya sabes cómo pienso... ¡Te
esperaré! (Te preferiré accesible y abordable)
La
Gran Babilonia no es NY
Por cierto, no dejaré al olvido los crímenes de La
Inquisición. Puede que la cristiandad lo olvide pero, sabes
que tengo buena memoria. La iglesia CAOS-lica ha hecho más mal que
bien a la fe (es mi opinión, claro). El repetido intento por retener
su monopolio religioso ha sido visto desde antes que excomulgaran al
patriarca Ortodoxo (en 1054) y ahora proceden con ese Ecumenismo
acomodaticio que no me inspira confianza hacia el Vaticano… ¡No
soy dado a ritos! Además, estos critican el materialismo, sin
abandonar sus lujos en Roma. Cierto que ha habido lucro con aquello
de las ventas de Indulgencias que criticó Lutero, pero el mismo
pillaje protestante existe hasta en el banco del Vaticano. ¡No! ¡No!
Esa religiosidad no la quiero. ¿Quiénes son ellos para proclamar
que unos son divisivos? Mientras que ellos mismos son sectarios, no
sólo en sus Concilios, sino al alejarnos del mismo judaísmo. Pero
yo no voy a discutir aspectos de la fe que cada quien asume, a
conveniencia y convicción: ¡Católico no soy! (ni creo en sus
dogmas).
No sé qué tipo de fuente tuvieron para leer tus mártires para ser
esa clase de testigos pero –gracias a ti- no tuvieron que leer la
vulgata ni sus catecismos: Ello sería obedecer a un hombre (el papa)
y a las tradiciones por los que los fariseos se aliaron con los
saduceos y, claramente Pedro y sus hermanos dijeron. “Obedecer
a Dios, primero que a los
hombres.” (Hch. 5:29) pero religión es religión
¿Salvas Tú o la asamblea de creyentes? ¡Ves porqué es mi celo!
(ante esa fe venida de enésima mano) Hay porciones de la Biblia que
no fueron manipuladas para reducirnos a la voluntad de sus
líderes, políticos y religiosos… Pero Tú tratarás conmigo,
del modo que Tú quieras.
Yo no puedo aceptar ese concilio que dijo que el papa es infalible,
inerrable ni tampoco que la biblia es perfecta y libre de errores,
pues, todo secretario, transcriptor, copista y compilador es humano
y, el mismo que ellos consideran el primer papa (Pedro) tuvo una
reprensión como si se tratará de la encarnación del mismo Satanás
(Marcos 8:33) pero ellos insisten en eso de “si
les escuchan a ustedes, me escuchan a mí” (Mateo 10:40,
Juan 13:20) ¿Eran los apóstoles
idólatras? ¿Se arrodillaban
ante hombres, imágenes, estatuas de yeso y toda clase de ídolos
hechos de oro, plata o piedras de joyería? ¡No! Pero quien
reciba a un idólatra, se hace idólatra… pero Pedro no
era Católico, sino judío. Era un “santo” pecador que se
examinaba a sí mismo (Luc. 5:8).
Hay escritos donde algunos católicos desprecian a Lutero. Sus
escritos relatan lo que se hizo –“en justicia”- contra sus
huesos pero, la Inquisición se sigue autodenominando “Santa
Inquisición”. Sin embargo, en noviembre del 2016, Ésta confirma
acuerdos filiales reconciliatorios negociados con la iglesia
Luterana, a sabiendas de tener diferencias irreconciliables, que no
van en violento rechazo a la doctrina de la Transustanciación
Católica ni la Consustanciación Luterana, sino a la admisión
de la ordenación de mujeres “presbíteras” Episcopales y
eufemísticamente sodomitas… ¡No me compete la sexualidad de
nadie! Pero, si tuviera hijos menores o supiese de enfermedades de
transmisión sexual pandémica, tendría cuidado de los lugares a los
que vaya a congregarme (lo hago). Es como presumir que yo sea más
“santo” que otros, señale sólo a las brujas y homosexuales, y
no me importe dormir con lesbianas que usen drogas. ¡Toda enfermedad
es igual a otra! (y “…los que
están sanos no necesitan de médico.”)
La Gran Babilonia (Apoc. 17: 9) está en unos 108 acres, dentro de la
cuidad de Roma, rodeada de unos “cuernos” llamados: Aventino,
Caelino,
Capitolino, Esquilino, Palatino, Quirinal
y Viminal. Y ella ha inventado otra cacería de brujas para
fugarse con los que se lleva a la sepultura papal.