Parte Tres. (21/11/2016)
La “originalidad” de los autores neo testamentarios se diluyó
–como en una solución líquida desconcentrada- tras la obra de
compiladora de los copistas. El trabajo masorético ayudó mucho a la
restauración y conservación de los textos que sirvieron a la
compilación de la Septuaginta griega pero, ¿Qué se hizo más allá
de restaurar la tradición oral que, en los días de Jesús,
circulaba de forma no escrita? He de parafrasear lo que Él mismo
dijo: “Oísteis que fue dicho…”
(Mat. 5:27) o “Habéis oído que fue
dicho a los antiguos…” (Mat. 5:33). Antes, no todo el
mundo leía y, cuando menos, podemos inferir que el Señor Jesús sí
tenía esa habilidad funcional
en la tierra en que fue criado (Luc 4:16-17). ¿Por los dichos de
Jesús podemos determinar “el canon” que se usaba en Su tiempo?
Creo que sí y, de mi parte, jamás leí que Él hablase de Mardoqueo
o Ester, Job, Booz o de Rut (ni otros); de modo
que, la Torá antigua que Él conoció –junto a Sus
discípulos- bien pudo no tener todo
lo que hoy conocemos en el Pentateuco, ni buena parte del A.T., lo
que viene a ser la Biblia judía.
La enciclopedia Encarta nos dice acerca de la traducción de la
Biblia Septuaginta: “Las
versiones más valiosas de la Biblia hebrea son las traducciones al
griego. En algunos casos, las versiones griegas presentan un material
superior al de la hebrea; ya que se basan en textos hebreos más
antiguos que los que nos han llegado hasta hoy. Muchos de los
manuscritos griegos son mucho más antiguos que los manuscritos de la
Biblia hebrea íntegra, y fueron incluidos en copias de la Biblia
cristiana completa que datan de los siglos IV y V d.C.”
Si creo a esta opinión de Encarta, cuyos investigadores no conozco,
ejerzo fe en el hombre y, aunque no quisiese (por tanto
precedente que desengaña a la humanidad) no tengo manera de validar
la información bíblica recibida pues, nadie que no sea influyente y
erudito (D.D.) tiene acceso directo a material que tenga más de 1700
años y, además, habría que hacerlo no sólo siendo diplomado en
esas lenguas muertas, sino teniendo la tecnología adecuada, porque
nadie dejará dañar una pieza valiosísima e irrecuperable para
satisfacer la curiosidad pagana de un empírico o incrédulo. Por ese
motivo, también, existen radiografías, escaneos fotográficos y
computarizados de esos hallazgos antiquísimos (no más de 200 años
antes de Cristo).
Además de esto, confirmando la veracidad de estas cosas: “…la
leyenda afirma que la Torá fue traducida en el siglo
III d.C. por
70 (o 72) traductores.” –dice Encarta- de modo que,
también los judíos han tenido sus problemas para tener una copia
fiel, “exacta”, del original escrito en hebreo-arameo (el cual no
existe). Obviamente, con un celo científico y toda meticulosidad
superior a la mía, aquellos hombres buscaron las copias más
fidedignas, las más antiguas, de mayor respeto y difusión entre
los judíos de la Diáspora o sus sinagogas para, finalmente, tener
una versión en griego que ellos pudieran estudiar y leer, mientras
permanecieran fuera de Israel pero -resumiendo la larga historia
que no conocemos completamente- la reconstrucción de esa lengua
hebrea “original” (muerta) se reconstruyó gracias a los trabajos
de Eliezer Ben Yehuda (antes
Eliezer Perelman, 1858-1922) quien, mediante sus trabajos
lingüísticos en una revista, hizo de aquel idioma muerto, una
lengua viva (incorporando neologismos) y, desde 1910 comenzó a
compilar su Diccionario completo del
hebreo antiguo y contemporáneo, publicado en 1959 en 17
Volúmenes.
Hallazgos
añejos.
Los rollos del Mar Muerto han sido de gran ayuda y referencia. Todo
empezó antes de 1948 cuando Anthanasius Yeshue Samuel compró de un
vendedor de antigüedades llamado Kando
unos rollos (3) (Isaías, Habacuc and Génesis) [1QIsaa; 1QapHab; y
1QapGen] y, aunque fueron descubiertos por un supuesto pastor de
ovejas que buscaba las extraviadas en ese desierto, su
nombre fue conocido como Muhammed edh-Dhib Hassan, aunque él estuvo
–ese momento- cuando menos, con tres hombres más (en la foto,
aparece a la derecha, con túnica negra).
La 2da Guerra Mundial hizo mellas económicas. Anthanasius Yeshue
Samuel estaba en USA y necesitaba dinero, de modo que contactó a
John C. Trever y éste, a su vez, envió fotos de los tres rollos a
William F. Albright, quien dató los rollos del Mar Muerto a una
fecha cercana al año 100 a.C. En el transcurso de ese tiempo hubo un
monopolio de intereses, problemas personales y ¡un abandono de la
iglesia! (el sacerdote
Jozef T. Milik dejó la fe católica, para luego casarse)
acontecimientos que retrasaron la publicación de esos hallazgos por
más de 40 años… Pero, los detalles conspicuos y la historia
particularizada de este importante descubrimiento puede leerse en una
sección (Cast of Characters)
de la Biblical
Archaeology Society, pero en inglés.
Con todo lo que ya he investigado –por años- hasta el presente
¿Puedo confiar en la Biblia, en la suma del A.T. y el N.T.?
Positivamente sí, consiente de ciertos errores, incoherencias o
contradicciones no estructurales, dudando que buena parte de
Levíticos o Deuteronomio sean totalmente inspirados por la boca de
Dios. ¡Yo no estaba allí!
Además, no creo en un Dios tiránico, destructor ni arbitrariamente
agresivo: Creo que Él es dialéctico,
pese a ser selectivo.
¡Le echo de menos! ¡Le necesito personalmente! (aunque,
psicológicamente, admito se me haya manipulado para tener
dependencia “espiritual”, mediante esta religión de enésima
mano). ¿Está Dios consciente de eso? ¿Su hijo está atento,
también, a esas necesidades creadas por las enseñanzas religiosas?
De nada sirve inventar un celular, un transmisor/receptor poderoso si
–en alguna otra parte del mundo- no hallo a nadie quien me responda
(y corresponda). En ese sentido, una religión que no dé
comunicación interactiva con Aquel
quien la haya inspirado (argumentando razones insustanciales como que
“el pecado lo aleja” o, que se me diga, no tener cierto
grado de santidad necesaria) me repugna, pues, el mismo A.T. da
constancia suficiente de que Dios buscó y rescató a un pueblo
pecador (lujurioso), esclavizado en el calor de Egipto y, el N.T., da
pruebas suficientes de que Su Hijo Unigénito fue enviado a un mundo
de pecadores: “Los sanos no tienen
necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a
justos, sino a
pecadores.” (Mar. 2:17). ¿Por qué, pastores y
curas, dicen que Dios no oye a los pecadores? Cuando menos, tengo la
noción de que Él me ha respondido una docena de veces y, mi
anhelo, es que me corresponda, que sacie mi hambre espiritual y
física, que me dé dinero para comprarme una planta eléctrica y, si
no es mucho pedir, que me deje viajar un poco con mis hijos, antes
que llegue esa noche oscura en que yo muera.
Su
revelación personal –vivencial- es necesaria.
La importancia de que Dios se revelase, manifiesta y directamente a
cada individuo es trascendental para muchos, no sólo para redimir el
daño que hicimos en la tierra, sino para prepararnos a lo que venga
en el futuro inmediato. Mientras uno presuma saberlo todo, ignorará
otras cosas importantes, incluso no mirará a algunas personas y, de
ellas, siempre puede aprenderse algo, o hacérsele bien alguno,
particularmente, para compartir el pan espiritual que nutra al alma,
como el que engorda la mesa. Yo no debo añadir a lo que esté
escrito mas, pero soy testigo de Sus obras, tengo pleno derechos de
aclarar lo que Él ha hecho en mi vida y, qué de lo que haya dicho o
escrito otro, me ha servido. Soy dueño de mis vivencias y, también,
libre para observar las ajenas; mas no estoy obligado a creer -o a
entender- por lo que se me diga, puesto que las interpretaciones son
subjetivamente personales, así como lo que cada persona vive.
Nadie podrá decirme: “Éste es el
nombre de Dios” (como hacen los Testigos de la
Watchtower) porque en griego no existía la “J” para
“JHWH” (Jehová o Jahvé) y el hebreo se escribía, antiguamente,
sin vocales; de manera que el “yod” de “יהוה”
no puede pronunciarse sin las omitidas vocales
(Compárece “יהוה”
versus “יְהֹוָה”)
y, aunque lo hiciese si supiera hebreo, ello no
obliga a Dios a prestarme Su atención, porque Él es
soberano, individual, con voluntad propia (y algo de eso tenemos
todos para desoír a quien no queramos ni entendamos). ¿Es
importante conocer Su nombre? ¡Lo es! Pero Él es quien se revela
–se presenta- de forma personal y, en mi caso, más importante es
que Él me reconozca, que me atienda, me corresponda y, para ello,
debo honrarlo yo, primero.
Jesús dijo que, la vida eterna consistía en conocer a Dios (Jn
17:3). Ignoro cuán largo sea ese proceso ni cómo ni cuándo se le
conoce de veras; pero el Camino parece ser Jesús y la obediencia a
muchas de las cosas que otros han escrito de sus vivencias
personales. El A.T. ha sido un largo telegrama y, en mucho, presenta
distorsiones inútiles para comprender a Dios, sin el lastre de los
prejuicios que ha transmitido el diminuto número de hombres que le
ha conocido “personalmente”. Además, en nombre de aquellos,
copistas y compiladores resolvieron agregar cosas sobre los escritos
originales, de modo que no hallo forma de saber qué es lo original y
qué ha sido apócrifo, dentro de lo que supongo son interpolaciones
y aspectos litúrgico-religiosos que antes no existían en lo
que debía ser en el ceremonial original. Si Abraham si circuncidó a
sí mismo ¿Por qué no hay detalles de cómo se curó la herida,
cuánto sufrió, cómo padecieron y se curaron los suyos? ¿Cómo es
que una Cusita (¿Etíope?) sabía que Dios quería matar a Moisés
por no haber circuncidado a su hijo? (Éxo. 4:25) Una obra
autobiográfica, por lo general, no carece de esos detalles y, en el
sentido literario, Job aborda el tema del dolor físico como ninguno,
mientras que Jeremías comentó el hastío que sentía por ser
castigado por testificar lo que Dios le ordenase decir a Israel ¿No
era propio narrar –por escrito- otras formas de padecimiento
psicológico, su curación carnal, así como la gloria de servir a
Dios espiritualmente?
Para muchos cristianos, el no creer en la “trinidad” es sinónimo
a ser hereje y, en mi caso, creí a semejante “teoría” por la
influencia que tiene la cultura, el discipulado, y el adoctrinamiento
de tantos años. Creí a eso de “en el
nombre del Padre, del Hijo y del E. S.” mas, al comparar la
práctica apostólica en el libro de Hechos (Hch. 2:38; Hch.
10:48; Hch. 19:4-5) comprendí que los católicos hicieron, allí,
otra de sus jugarretas adoctrinantes:
Si “Dios es Espíritu…”
(Jn. 4:24; Núm 16:22) ¿El Espíritu Santo es el Espíritu de otro
Espíritu? No me parece lógico, aunque posible sería para Dios ser
lo que Él quiera (Éxo. 3:14); sin embargo, atendiendo a otras
palabras dichas por Jesús, comprendí que –eso de cuerpo, alma y
espíritu- viene de los días de Aristóteles y, en Su tiempo, Jesús
dijo: “No teman a los que matan el
cuerpo; más bien, teman a Aquel que puede destruir el cuerpo
y el alma
en el infierno” (Mat. 10:28) Si hubieran tres cosas a
destruir en el infierno, Jesús lo hubiera afirmado allí, y en otras
citas. De modo que, donde dice en Hebreos 4:12 “…penetra
hasta partir el alma y el espíritu…” es una hipérbole
metafórica y, tampoco allí se habla de la “trinidad”, sino de
una dualidad que tiene unicidad dicotómica; aunque “mucho”
se trate de explicar el concepto de vida (alma) o espíritu. ¿Murió
Dios, juntamente con Jesús en la cruz? ¡Probablemente! La muerte
carnal, en un sentido, es el abandono, la mudanza del espíritu que
deja este cuerpo mortal y, creyendo (yo) que Jesús moraba con el
Espíritu de Dios en Su cuerpo (no siendo Cristo Dios, sino Su hijo
unigénito) en la cruz “murió” Dios al separarse del cuerpo de
Su hijo y, luego, murió el Señor Jesús, para luego ser resucitado
por Dios Padre, que simple y dolorosamente Le había dejado, al
separarse del templo de Su cuerpo (Juan 2:19). La frase “¡Dios
mío! ¡Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?”
(Salmos 22 y Marcos 15:34) encaja perfectamente en esa posibilidad
especulativa pero ¿Dios tiene el Espíritu del Espíritu? ¡No lo
creo! Ha de ser Uno solo (Deut 4:35; Mal. 2:10; Isa. 45:14) así como
Él es el Único Dios (Jn. 17:3). ¡Ah! Lo de Elohim ya lo he oído
y, al parecer, es para evitar redundancias o retórica cacofónica.
¡Curiosamente! Quizá venga al caso para los que son lingüistas, el
asunto aquel de la pronunciación de “Shibboleth” (Jueces 12:6).
Ese password le costó la vida a más de 42 mil almas y, aún siendo
de la misma etnia, la pronunciaban distinto los efraimitas. De modo
que pronunciar “יהוה”
sin vocales, es tan difícil como separar “el alma
del espíritu” (y creo que Dios escanea nuestras almas, si Se le
antoja).
Inspiración
Divina
Hace años, en el 2009, Mónica y yo rogábamos a Dios para que nos
dirigiera en lo que debíamos hacer… Una noche, caminando sin luz
de luna, vimos dos “estrellas” juntarse, luego que ambas viajaron
en una sola línea horizontal… Teníamos un año pidiendo una señal
y, eso fue lo que tuvimos por respuesta (aunque interpreté mal lo
que vimos). ¿Fue una respuesta causal o un fenómeno usual? ¡Primera
vez en mi vida que estoy consciente de ver: a) Dos platillos
voladores o b) Dos “estrellas” en decidido movimiento lineal
(para luego juntarse, como si se besaran y, despedirse en polos
opuestos). ¿Lo que escribo ahora tiene inspiración divina? Ud no lo
sabe, pero puedo dar fe de no haber bebido, de no estar sugestionado
y –desde luego- no fueron dos estrellas voladoras. En todo caso,
dos satélites (o la señal de Dios que nos sirvió para mudarnos).
¿Hay analogías para alguien que escriba sus testimonios, sus
experiencias, o los sueños que certifica alguien haber recibido de
Dios?
En mi caso, Mónica y yo caminábamos orando y, en menos de 5 minutos
de haber empezado, ese raro suceso aconteció. Ambos nos sorprendimos
(y nos convencimos) para lo que decidimos hacer, a partir de ese día;
pero jamás me sucedió algo así. De hecho, fue sumamente anormal.
Igualmente, para aquellos o aquellas que tengan experiencias
paranormales o “extraterrestres”, cualquier cosa fuera de lo
normal, procurarían dejar sus registros y, si la biblia es parte de
la vivencia de esos autores ¡la creo! Sólo necesito discernir bien
dónde entró la religión, dónde hubo arreglos de composición
poética, retórica literaria y basura religiosa. Cuando hablo con
mis amigos, de ninguna manera digo palabras tan elaboradas como
estas. Cuando estoy con ellos, soy secular, de lo más simple posible
y, en ningún caso, me atraería la idea de hablarles de este modo,
no sea tomado yo por algo que no soy.
Si ella o yo hubiéramos tenido una cámara fotográfica de alta
sensibilidad, si no nos hubiéramos quedado boquiabiertos –quizá
habríamos sacado nuestros teléfonos para una foto o video pero, la
calidad sería pésima y, en cuanto a que eso sirviese de aval para
testificar nuestra experiencia, quedaríamos mal parados, aunque –tal
vez- fue una visión de un par de satélites que se acoplaron en el
horizonte nocturno del 2009. ¡Sea lo que haya sido! La señal que
vimos resolvió nuestra ansiedad y prolongada (repetida) oración:
Quedarnos o mudarnos... ¡Gracias! Muy oportuna respuesta, Dios.
Ese tipo de experiencias, de primera mano, derriba cualquier
argumento contrario y, aunque no voy a discutir lo que vi, qué era o
qué no fue, ya han pasado 6 años de mi vida e ignoro qué lugar del
mundo y de la fe lleve Mónica: Si tu fe o experiencia personal
necesita el apoyo de otra persona, lo que quieras enseñar, no tiene
aval y –de allí- es que un centenar de personas intente confirmar
lo que diga la Biblia. Si bien aquellos escribieron de lo suyo, cada
persona, para ser creyente convencido, necesita una vivencia, una
serie de experiencias. Tomás, al oír de la resurrección, requirió
confirmación y Jesús, por su incredulidad, le dijo: “…no
seas incrédulo, sino creyente.” (Juan 20:27) ¿Convivía
Tomás con gente seria, leal y fidedigna? Sin embargo, cada uno de
nosotros -hoy- tiene una idea (y prejuicios) de cómo es la humanidad
y de cómo es nuestro mundo. ¡Tenemos razones suficientes para tener
incertidumbres! Acaso, lo que escribo aquí ¿Es 100% verdadero?
No es difícil creer cuando la verdad se
ignora por desestimar lo que la experiencia refuta. (A.
Toro )
(22/11/2016 4:21 pm)
¡Uff! Este pensamiento –mío- de veras me llega a la médula
(quizá Dios lo ha inspirado, en este secreteo de letras) pero,
cuando usted tenga su vivencia de primera
mano, cuando investigue por sí mismo, llegará a su
verdad verdadera.
Jeremías, por otro lado, dice: “Maldito
el hombre que confía en el hombre… y su corazón se aparta de
Jehová.” (Jer. 17:5) ¡Vaya! Ello habla de la apostasía
pero, al mismo tiempo ¿Debe apostatar el hombre a lo que
intrínsecamente ha conocido psicológicamente?
Habría que determinar: a) Cuán cerca estaba ese hombre de Dios y,
b) Cuán lejos estuvo de sus propias convicciones personales (nada
sabemos). Sin embargo, ¿Qué consuelo nos suple leerlo? Trataré de
escribir algo, en la próxima entrega.
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