Por A. Toro (13/11/2016)
PARTE UNO.
Aunque oímos de la existencia de telescopios que viajan dentro -y
fuera- de este sistema solar, no vemos lo que suponíamos sería el
“cielo”. Aunque hoy contemos con recursos técnicos que jamás
soñamos, no tenemos una visión completa del acontecer local, ni de
lo que simultáneamente pase en otros lugares ni en la interioridad
del alma de cada semejante. La radio parece haber perdido aquella
nostálgica influencia sobre las masas distantes, si la comparamos
con el poder de penetración de la TV o al internet interactivo. Si
un mensaje auditivo significaba mucho, aquellos años de la remota
invención del teléfono (1876) –hoy- una fotografía blanca y
negra parece insignificante, si no viene acompañada de un video HD
con audio digital...
Sólo conocemos una pequeña parte de la realidad inmediata exhibida,
publicitada, fotografiada, reproducida y mostrada. Ignoramos los
procesos completos de la post edición, corrección, montaje… hasta
llegar a la masiva difusión final del
producto promovido: Sea una compleja campaña política
como la que manejó Adolf Hitler para crear el III Reich, una
imagen de marca comercial o el Best Seller de un simple libro.
Nunca supusimos que, cada foto en la portada de las mejores revistas
de moda (por ejemplo) salía a la luz pública luego de un complicado
proceso interno de selección, una estrategia de mercadeo
prediseñada, un concurso de creativos, sociólogos-psicólogos,
editores y artistas (trabajando tras bastidores) para dar mayor
difusión a una empresa editora (o mediática) que, al final -si
pudiere- permanecería en la cima de la aceptación, popularidad y
circulación, derribando otras formas de competencia (ideológica y
económica).
¡Sí! Vivimos en un mundo comercial que libra batallas (y
litigios) por monopolizar el mercado de las costumbres, las ideas,
las tendencias; para controlar la opinión y las compras de cada
grupo social o individuo que se dice independiente y libre...
Quienquiera ser popular en el mundo de estos días, ha de aprender
nociones de mercadotecnia, sociología de masas, etc. Pero, sólo lo
que se diga frente a una cámara de video -y en tiempo real- tendrá
un mayor impacto social y
trascendencia en el tiempo…
¿Qué impide a Dios no salir en una
cadena internacional por la TV o comunicarse por Internet?
Aunque suene a majadería todo este rodeo del exordio anterior, soy
uno de los muchos que desea conocer a Dios personalmente (de modo
interactivo, y sin más excusas ni aplazamientos). Si bien Lutero,
hace mucho, insistía en la importancia de la biblia como guía, la
experiencia personal, la vivencia
de primera mano, tiene mucha más importancia que
cualquier noción infundida durante el largo proceso de socialización
al que todos los humanos somos sometidos desde la ingenua infancia.
En este borrador quiero dejar constancia de algunas de las razones
por las que se me dificulta creer, ciegamente, en la cristiandad y en
buena parte de las enseñanzas religiosas -de enésima mano- que
recibimos del judaísmo. En algún momento, si Dios me lo permite,
organizaré mejor estos pensamientos escritos, pero transcribo mis
manuscritos, como la vida me da acceso y medios para publicarlos:
Estructura
de la jerarquización de la iglesia Católica.
Examinando cercanamente la noción religiosa de la sucesión
o autoridad “papal” (con la biblia) misma que, supuestamente,
Pedro recibió de Jesús cuando este discípulo le reconoció como
Ungido o Cristo por inspiración divina, podemos ver
–en el mismo capítulo- cómo se derriba el absurdo concepto
(dogma) de infalibilidad pontificia,
mucho tiempo antes que los teólogos católicos la promulgaran en el
Concilio Vaticano I, por los años 1870.
- Jesucristo le alaba en presencia de otros por ser francamente asertivo, ese momento; por responder sin conocimiento de toda causa, sin un punto de referencia humano y –consolidándole- también allí le dice: “Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.” (Mat 16:19). Más adelante (no tenemos certeza del ritmo de ese tiempo) Pedro, la piedra angular -y terrenal- del sistema de sucesión papal católico, reconviene frente a su Maestro (Mat. 16:22) y Éste, de inmediato, le dice: “¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.” (Mat 16:23) a) ¿Cómo es que, el primer papa, fue objeto de una manipulación ideológica, salida del mismo enemigo de Dios? b) ¿Cómo es que, quien tuviere las llaves del cielo y de la tierra (Mat 16:19) fuere tropiezo y, al mismo tiempo también, tuviere las llaves del infierno?
Es obvio, pues, que un simple mortal no puede recibir (con
exclusividad) todo el peso de tal facultad –la del cielo y la
tierra y- de ser así, Él mismo tendría inmediato acceso a la
Presencia Divina pero, por otro lado, no para dejarse tentar -ni
manipular- como, en efecto, pareció haber sido Pedro por Satanás
ese día.
- Una mirada a Juan 20:21 nos permite ver que, “las llaves del cielo” también, fueron dadas al resto de los apóstoles y, siendo Cristo más específico con esa metáfora dicha ante un colectivo, les aclara: “A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos.” (Juan 20:23). La semejanza de estas palabras, sin duda, me recuerdan a las que fueron dichas en Mateo 16:19 pero, ¿Qué llaves recibió Pedro? Ninguna, excepto el privilegio de dirigirse, un par de veces, a la multitud itinerante de Jerusalén, para la sorprendente conversión de varios miles de peregrinos judíos que tuvieron fe en el Señor Jesucristo (Hch 2:41, 4:4), Camino al que el resto de los judíos ortodoxos llamaría la secta de los Nazarenos (Hch 24:5).
Las novelas épicas, tal como muchos de los registros que los
cronistas antiguos dejaron para la posteridad, están cargados de
exageraciones, imperfecciones, idealismo y no siempre de la exactitud
que les desfavoreciera contraproducentemente. En un sentido, la
biblia exhibe mucho de verdad y, por otro lado, se hace retórica y
demasiado literaria cuando muchos de sus escritores (editores y
compiladores) debieron ser más objetivos en señalar el mal –que
se debía corregir- sin dar tantos anuncios (o preámbulos cíclicos
y poéticos) para desatar el mal que sobrevendría, mientras “Dios”
sólo optó por comunicarse a través de unos pocos (inspirados y
escogidos). ¿Cómo es que, quien creó todo lo que vemos (y no
vemos) sea tan remilgantemente selectivo y exclusivo?
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